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Capítulo 608:
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Más tarde, cuando por fin se había dormido, Adrián salió y se encontró a Aurora en la puerta.
«Papá, ¿ha vuelto a llorar mamá?».
«No pasa nada». Le hizo señas para que se acercara.
Aurora se acercó a él, con la muñeca fuertemente agarrada y los ojos mirando a Joelle con una mezcla de simpatía y preocupación. Puso su muñeca favorita junto a Joelle, con la esperanza de que pudiera consolarla. Desde la desaparición de Ryland, Aurora había aprendido a leer las sonrisas forzadas de sus padres.
Había crecido demasiado deprisa, y Adrian podía verlo en su tranquila madurez.
«¿Has tenido una pesadilla?», le preguntó.
Aurora se apoyó en él y dijo: «Ryland volverá, ¿verdad?».
Adrian la abrazó con fuerza.
«Te lo prometo, cariño, lo traeremos a casa».
Aurora tenía su propia forma de leer a la gente. Al principio, no había visto a Adrian como un padre. Pero siempre cumplía su palabra. Se frotó los ojos con sueño. «Estoy cansada».
«Vamos a llevarte a la cama».
Aurora se acurrucó en la almohada, satisfecha con el cálido resplandor de la lucecita que le gustaba tener encendida.
Adrián le besó la frente.
«Aquí estoy. Que duermas bien».
Ella sonrió y cerró los ojos, luego volvió a mirarle, con expresión esperanzada.
«Papá, de verdad que quiero ir a la escuela primaria de Riverdale».
Últimamente habían mirado varios colegios. A la edad de Aurora, tenían que empezar a pensar en su futuro.
Adrian y Joelle llevaban tiempo hablando de la Escuela Primaria Riverdale, pero aún no le habían pedido su opinión a Aurora.
«¿Estás segura?»
Ella asintió con entusiasmo.
«Sí, estoy segura.
«De acuerdo».
Adrián nunca le diría que no a Aurora.
«Mañana hablaré con tu madre y haremos lo que podamos».
«Gracias, papá».
«Será mejor que te vayas a dormir».
Adrián se quedó hasta que su respiración se hizo más profunda, leyéndole un par de libros ilustrados antes de que se durmiera.
La vida retomó su ritmo en los días siguientes: planes de boda, trabajo y colegio.
En apariencia, todo parecía normal.
Pero una noche, de camino a casa, Callan miró por el retrovisor.
«Sr. Miller, hay un coche negro que nos sigue. ¿Deberíamos perderlos?»
Adrian apenas levantó la vista, absorto en enviar un mensaje de texto a Joelle sobre los planes para la cena. Pensaban cenar filete de ternera frito aquella noche.
«No hace falta».
«Entendido», respondió Callan.
Cuando llegaron, la casa estaba llena del rico aroma de la carne asada.
Joelle le hizo señas a Callan para que entrara.
Callan dudó.
«¿Estás segura? No quiero molestar».
«No pasa nada», intervino Adrian, quitándose los zapatos.
«Cuantos más seamos, mejor».
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