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Capítulo 541:
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El alcohol tenía a todo el mundo un poco achispado.
A la izquierda de Michael, Adrian abrazaba a Joelle.
A la derecha de Michael, Allie, que había bebido demasiado, se había quedado dormida en el regazo de Rafael.
Soplaba el viento y el cielo estaba lleno de estrellas.
Joelle observó la actitud sombría de Michael y fue la primera en levantar su copa.
«Brindo por este momento de tranquilidad y por todos los que hemos capeado el temporal».
Los tres hombres chocaron sus copas con Joelle uno a uno. El ruido despertó a Allie de su letargo, que se frotó los ojos y preguntó: «¿Volvemos al hotel?».
Llevaba un rato somnolienta. Rafael la levantó en brazos.
«Se está haciendo tarde. Yo la llevaré primero».
Miguel se levantó, estirándose sin prisa.
«Yo también estoy cansado. Me niego a seguir siendo el tercero en discordia».
Adrián rió entre dientes.
«¿Te apetece otra copa?»
«No, gracias».
Tras el fallecimiento de Lacey, Michael se sintió como si hubiera ingerido el alcohol de toda una vida.
El alcohol era innegablemente una sustancia perjudicial; tenía la capacidad de despojar a las personas de su autocontrol y sumirlas en el caos. Lo más descorazonador era que, una vez restablecida la sobriedad, uno seguía teniendo que enfrentarse a la crudeza de la realidad.
Michael bajó las escaleras tambaleándose, peldaño a peldaño.
Joelle y Adrian notaron que se detenía a medio camino.
Michael miró al cielo, quizá creyendo que la estrella más luminosa era Lacey.
Entrelazó los dedos, rezando fervientemente mientras permanecía bajo el cielo nocturno, aparentando estar aislado y abatido.
A menudo la gente anhela lo inalcanzable.
En el fondo, Michael comprendía que lo que deseaba ya no estaba a su alcance.
Joelle sintió una oleada de emoción, sin saber si era la difícil situación de Michael o el viento lo que hacía que le hormigueara la nariz con lágrimas inminentes.
Adrian la sujetó por el hombro y le besó la frente.
«Joelle, debes vivir bien, aunque sólo sea por mí».
Joelle asintió, con la voz cargada de emoción, mientras una sensación inquietante brotaba de su interior.
Las impredecibilidades de la vida les servían de conmovedor recordatorio para atesorar sus momentos juntos.
Joelle no podía permitir que Adrian se convirtiera en otro Michael.
De vuelta al hotel, Adrian recibió una llamada de Callan.
«Sr. Miller, alguien ha visto a Chris».
«¿Dónde?»
«En Singapur».
Adrian intercambió una mirada significativa con Joelle. Después de tanto tiempo, por fin habían descubierto una pista prometedora.
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