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Capítulo 444:
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Aquella noche, cuando Adrián volvió a casa, Aurora se le acercó con expresión sombría y se aferró a su pierna.
«Serás un buen papá, ¿verdad?».
Adrián volvió a casa, decidido a tener una conversación adecuada con Aurora.
Habían pasado días desde la última vez que su hija le dirigió la palabra. Con Joelle aún en coma y Aurora manteniendo las distancias, Adrian sentía una profunda pérdida. Las dos personas que una vez lo habían significado todo para él se sentían ahora fuera de su alcance.
La última vez que habían hablado, Aurora le había acusado de ocultarle demasiadas cosas. Sus palabras le habían obligado a reflexionar.
Si de verdad quería respetarla, debía dejar de tratarla como a una niña.
Aurora, de cuerpo menudo, se sentó frente a él en la mesa del comedor. A pesar de su edad, no era ingenua.
Adrián sabía que había llegado el momento de ser sincero.
«La historia entre tu madre y yo… es larga», empezó.
Contar su pasado, desde el momento en que se conocieron hasta todo lo que había sucedido después, podía llevar días.
Pero incluso empezar por su matrimonio le resultaba difícil.
¿Cómo podía explicar el egoísmo, la indiferencia y la frialdad que había mostrado hacia Joelle?
Los segundos pasaban en silencio, pero Aurora esperaba pacientemente.
Esperó a que Adrian se enfrentara al tumultuoso pasado que había dado forma a su desestructurada familia.
Era un padre horrible y un marido aún peor.
«Lo siento -dijo por fin Adrián, con palabras cargadas de arrepentimiento.
Los ojos de Aurora reflejaban confusión y dolor. Después de escuchar el relato de Adrián, percibió la frialdad que él había mostrado antaño hacia su madre.
«Tu madre hizo bien en dejarme», admitió, con la voz tensa por la culpa. «Entonces era demasiado. Recuerda, Aurora, si alguien te hace daño, debes alejarte».
Las emociones de Aurora se arremolinaron mientras lo miraba. «¿Por qué hiciste tanto daño a mamá? Le gustabas mucho».
Adrián no pudo defenderse. «Hubo malentendidos entre nosotros. Lo siento por todo».
No mencionó los detalles desagradables, como que había creído que Joelle lo había drogado, sabiendo que eso no cambiaría nada. Algunos males no tenían justificación.
Aurora se secó los ojos. «¿De verdad vas a portarte bien con mamá y conmigo ahora?».
«Sí», respondió sin vacilar.
«¿Y si no puedes?»
«El castigo dependerá de ti».
Aurora se deslizó de la silla, poniéndose de pie ante él. Extendió el meñique de su pequeña mano. En su mundo, aquel simple gesto era un voto solemne.
«Si vuelves a hacerle daño a mamá, nunca te veré como mi padre».
El corazón de Adrian se hinchó de emoción. «¿Así que ahora me ves como a tu padre?».
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