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Capítulo 415:
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La habitación estaba llena de tensión, y el silencio estaba cargado de temores no expresados. La determinación de Chris vaciló cuando miró a Wade a los ojos y vio algo aterrador: una obsesión fría e inquebrantable.
«Estás loco». Bajó el cuchillo con una sonrisa amarga. «Bien. Tú ganas. Haré lo que quieras. ¿Es eso lo que querías oír?»
Wade dio un paso adelante y le quitó el cuchillo, asegurándose de que Chris no pudiera volver a hacerse daño. «Chris, lo único que quiero es que vivas».
«¿Como un fantasma?» Chris se abrazó las rodillas, con la voz hueca. «¿Qué sentido tiene vivir así?».
«Aguanta dos años más», dijo Wade, echándole una manta por encima. «Te prometo que, cuando pase la tormenta, te ayudaré a reconstruir tu vida. Empezarás de cero y podrás empezar de nuevo».
Chris lo miró con ojos cansados. «¿Y Ryland? ¿No volveré a verle?»
«No. Así es mejor para todos».
Chris dejó escapar una risa amarga. «Sólo es mejor para ti».
«Lo hago por ti».
Chris no respondió. Ya no tenía ganas de hablar con Wade, ni energía para luchar.
«Déjame en paz, Wade. Necesito un poco de paz». Wade no le molestó más.
Fuera, Wade ordenó a los criados que retiraran todos los objetos punzantes de la habitación y cerraran las ventanas.
Los llantos de Ryland habían cesado, aunque el motivo seguía sin estar claro.
Al comprobarlo, Wade se dio cuenta de que la niñera ocultaba apresuradamente algo a sus espaldas.
«Señor Potter», balbuceó la niñera. Wade miró primero a Ryland, que ahora dormía plácidamente a pesar de su intenso llanto anterior. No podía comprender cómo la niñera había podido calmar al niño tan rápidamente. Si tenía tanto talento, ¿por qué los llantos de Ryland habían sido tan fuertes que hasta Chris podía oírlos?
«¿Qué le has dado de comer?» preguntó Wade.
«Nada», respondió la niñera, aunque su voz vaciló bajo la penetrante mirada de Wade.
Sin mediar palabra, Wade hizo una señal a su ayudante, que rápidamente sujetó a la niñera.
Un frasco de medicación cayó al suelo. Wade se agachó y lo cogió, descubriendo que contenía un sedante.
«¡No tenía elección! El niño llora todo el día!», protestó la niñera.
«¡Fuera!» ordenó Wade, con tono frío y definitivo.
El bienestar de Ryland estaba profundamente ligado al de Chris. Wade había hecho todo lo posible por recuperar al niño, no por dejar que la niñera lo incapacitara. El ayudante acompañó a la niñera a la salida, dejando a Wade a solas con el niño.
Cuando Wade se acercó para examinar a Ryland, le asaltó una profunda conmoción. Por primera vez vio al niño y se dio cuenta de algo escalofriante: Ryland se parecía inquietantemente a Chris cuando era niño.
Ver a Ryland era como ver una versión más joven de Chris.
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