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Capítulo 408:
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Joelle le arrancó la vía y todo el mundo se apresuró a detenerla, sus voces preocupadas chocando contra ella como olas. Pero en aquel momento no pudo oír ni una sola palabra.
Finalmente, Adrian levantó la mano, indicando a todos que se callaran.
Joelle lo miró. «Adrian, Ryland me está esperando, ¿verdad?».
Adrian asintió, levantando a Joelle en brazos. «Te llevaré a verle».
El depósito de cadáveres del hospital era frío, un marcado contraste con el calor sofocante que Joelle había experimentado antes.
Adrian la acompañó dentro, los dos solos en la sala austera y vacía que sólo contenía una mesa fría.
Sobre la mesa yacía un cuerpo pequeño y frágil envuelto en una sábana blanca. Aunque no estaba segura de que fuera Ryland, la sola idea de que la vida de un niño se hubiera extinguido hizo que una oleada de dolor se abatiera sobre Joelle. Pero tenía que estar segura.
El médico retiró la sábana y dijo: «Tenéis que mentalizaros».
Con el apoyo de Adrian, Joelle se secó las lágrimas y se pellizcó el muslo.
Quizá Ryland se incorporaría de repente y la llamaría «mamá». Quizá todo aquello no fuera más que una broma cruel.
Joelle se aferró a ese pensamiento y logró esbozar una pequeña sonrisa. Pero al retirar lentamente la sábana, el cuerpo carbonizado se hizo visible.
En la mente de Joelle retumbaba una voz: «Es Ryland. Se ha ido…»
«¡Joelle!»
Adrian la mantuvo firme mientras Joelle apretaba los dientes, liberándose de su agarre y corriendo hacia Ryland.
«Ryland…» murmuró Joelle, con las manos temblorosas mientras examinaba su pequeño cuerpo, deseando con toda su alma poder recuperarlo.
«Lo siento mucho, mi niño. Lo siento mucho».
Se sentía perdida, insegura de dónde tocarlo sin causarle dolor.
«¡Lo siento! Lo siento!»
En ese momento, el corazón de Joelle se sintió como si lo estuvieran desgarrando. Se hundió lentamente en el suelo, agarrándose el pecho con tormento, gritando de desesperación.
La garganta le ardía de malestar, pero era su corazón el que soportaba la verdadera e insoportable agonía.
«¡Ryland! Es culpa de mamá!»
Se apretó el pecho, atormentada por la pena, mientras Adrian la rodeaba con los brazos. Sabía que ninguna palabra podría aliviar su insoportable sufrimiento.
Dirigió la mirada hacia el pequeño cuerpo que había sobre la mesa, con el corazón oprimido por el dolor.
Aquel niño ocupaba un lugar especial en el corazón de Adrian, tanto si era el hijo de Joelle y Rafael como si era su sobrino. Adrian siempre había apreciado esa pequeña vida tanto como apreciaba a Aurora.
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