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Capítulo 96:
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La respuesta de Taylor no se hizo esperar: «Para ser sincero, la primera mitad de tu propuesta fue realmente impresionante. La segunda mitad, por desgracia, no se acercó ni de lejos al mismo nivel».
Alan lo leyó dos veces. Luego dejó caer el móvil en su regazo y se hundió en su asiento, como si algo dentro de él simplemente se hubiera apagado. Tras un largo y tenso silencio, giró la pantalla hacia Jessica y se la mostró. Su expresión era una que ella nunca le había visto antes. «Dime con sinceridad», dijo en voz baja. «¿De verdad leíste la propuesta?».
La pregunta hirió el orgullo de Jessica. «Por supuesto que sí», espetó, con la voz tensa por la indignación.
«Entonces, ¿cómo es que no te diste cuenta de que la sección en la que trabajó Alina estaba a años luz del resto?», insistió Alan, con voz tranquila pero implacable.
Jessica no supo qué responder. Se negaba a aceptar la idea de que Alina pudiera haberlo logrado por su cuenta. La única explicación que tenía sentido para ella era que Alina hubiera buscado a alguien del ámbito médico para que hiciera el trabajo pesado por ella.
Alan llegó a la misma conclusión en silencio, por su cuenta.
Su pecho era una maraña de emociones que no conseguía desentrañar. Cuando regresó a la oficina, casi se topó con Jasmine, que se dirigía hacia la salida con una caja con sus pertenencias bajo el brazo.
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Verla lo pilló desprevenido; casi había olvidado que la había despedido.
Jasmine levantó la vista y lo miró a los ojos con frialdad.
Alan dudó y luego dijo: «No tienes por qué hacer esto. Devuelve tus cosas».
«Ya he tramitado los papeles», respondió Jasmine, con tono sereno y sin prisas. «Hoy es mi último día».
Hizo una breve pausa. «Supongo que las cosas no salieron como esperabas con Peak Group».
El poco color que le quedaba a Alan en la cara se desvaneció. «Si ya sabías que acabaría así, ¿por qué no te esforzaste más para convencerme de que no lo hiciera?».
«¿Cuántas veces intenté advertirte? ¿Y qué ha cambiado?», replicó Jasmine con brusquedad.
Algo en su interior se había quedado completamente en blanco. Había dedicado años de su vida a Hopkins Group por auténtica lealtad. Cada vez que se había opuesto a Alan, había sido por la misma razón: la esperanza de que la empresa saliera ganando. Nunca imaginó que se lo pagarían con una carta de despido.
Cualquier resto de confianza que le quedara en él se desvaneció por completo.
«Nunca pensé que Alina llegaría tan lejos», dijo Alan, con una expresión parecida a la culpa en el rostro. «Buscar a un experto médico solo para ayudar con una propuesta para mi empresa…»
Jasmine lo miró fijamente. «¿Qué experto? No había nadie. Alina reescribió esa sección ella misma. Yo estuve allí todo el tiempo».
«¿En serio? Entonces alguien debe de haberla estado asesorando», dijo Alan, reacio a aceptar la idea de que Alina pudiera ser tan capaz por sí sola.
Jasmine sintió una oleada de impotencia. Era imposible hacerle entrar en razón. Se marchó con su caja sin decir ni una palabra más.
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