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Capítulo 64:
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No parecían mantener una relación íntima, pero ella, mejor que nadie, sabía cómo trataba Kellan a las mujeres: nunca dejaba que se le acercaran, y mucho menos que se sentara junto a una por voluntad propia. Así que el mero hecho de que esa mujer estuviera allí hacía que su presencia resultara inusual.
La mujer llevaba un sombrero que le cubría casi todo el rostro, pero incluso desde la distancia, Alina podía darse cuenta de que era innegablemente hermosa. Por razones que a Alina no le importaba analizar con demasiado detalle, sintió una incómoda opresión en el pecho.
Estella comentó con admiración: «Hacen buena pareja. Un hombre de una familia como la suya tiene que estar con alguien igual de importante».
La expresión de Alina se volvió fría. «Hay gente que solo parece decente por fuera. Por dentro, están podridos hasta la médula».
Estella parpadeó, tomada por sorpresa por su tono. «Alina, ¿tienes algo en contra del señor Thorpe?».
Alina mantuvo el rostro impasible. «En absoluto. Ni siquiera nos conocemos».
«¿En serio? Pero…». La voz de Estella se apagó a mitad de la frase, con la mirada fija en algo detrás de Alina.
Sin darse cuenta, Alina continuó, indiferente. «Dejémoslo estar. Los ricos son todos iguales, de todos modos. Muy pocos de ellos son realmente decentes».
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«Alina, ¿te he ofendido de alguna manera?». La voz a sus espaldas era grave y suave, con un inconfundible escalofrío acechando bajo su tono burlón.
Alina se quedó paralizada al instante, invadida por una extraña oleada de pavor.
Frente a ella, Estella bajó inmediatamente la cabeza y se concentró en la comida, fingiendo no haber oído nada.
Alina se giró lentamente y vio a Kellan de pie justo detrás de ella. Ese día llevaba una mascarilla y un gorro que le ocultaban la mayor parte del rostro. Solo se le veían sus ojos penetrantes, y en el momento en que sus miradas se cruzaron, un escalofrío le recorrió la espalda.
Era la primera vez en su vida que la pillaban hablando de alguien a sus espaldas, y la vergüenza la golpeó con fuerza. Bajo su mirada fija, carraspeó con torpeza e intentó recuperar la compostura. «Lo que quería decir es que la gente de éxito suele ser muy astuta y calculadora, así que la gente corriente como nosotros probablemente debería mantener las distancias. «
«No creo que eso fuera lo que querías decir en absoluto», respondió él, con un ligero tono burlón.
Alina se apresuró a buscar una respuesta.
Antes de que pudiera dar con una explicación, Kellan dejó delante de ella el famoso bollo de nata de la panadería. Sin decir nada más, se dio la vuelta y regresó a su mesa.
Alina se quedó mirando el bollo durante varios segundos, incapaz de asimilar lo que acababa de pasar.
A Estella casi se le salieron los ojos de las órbitas de la sorpresa. «Espera, ¿te lo ha dado el señor Thorpe? ¿Sabes lo difíciles que son de conseguir? Solo hacen diez al día, y cada cliente solo puede comprar uno. No me digas que de verdad se ha puesto a hacer cola por ti».
«Eso es imposible», replicó Alina de inmediato. Alguien como Kellan nunca se molestaría en hacer cola con la gente corriente. Seguro que movió algunos hilos para que le enviaran uno.
Instintivamente, miró hacia su mesa. Kellan estaba sentado frente a la mujer, hablándole con un tono tranquilo y sereno, mientras ella charlaba animadamente a su lado. Alina sintió que la opresión volvía a su pecho sin previo aviso.
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