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Capítulo 361:
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La desesperación empujó a Alina a defenderse. Incapaz de liberarse, hincó los dientes en el labio de Kellan con todas sus fuerzas.
El sabor agudo de la sangre se extendió al instante entre ellos. Aun así, él se negó a soltarla, profundizando el beso como si el dolor no significara nada. ¡Menudo imbécil! La maldición resonó en la mente de Alina mientras la ira le quemaba el pecho.
Solo cuando le empezaron a doler los pulmones por falta de aire, Kellan se apartó por fin.
La oscuridad ocultaba gran parte de su expresión, pero no el brillo peligroso de sus ojos. La fijaron con la intensidad de un depredador observando a su presa.
Alina se limpió la sangre de los labios antes de devolverle la mirada sin el más mínimo atisbo de miedo. «Kellan, estamos en pleno proceso de divorcio. ¿Qué crees que estás haciendo exactamente? Si tienes necesidades, ocúpate de ellas tú mismo».
Al instante, la mano que sujetaba el hombro de Alina se tensó. Un dolor agudo la atravesó, provocándole una mueca involuntaria. Esa reacción hizo que Kellan aflojara el agarre casi de inmediato, aunque el tono gélido de su voz se mantuvo. «Alina, como tú misma has señalado, nos estamos divorciando. Estar divorciándonos significa que aún no ha sucedido».
«¿Y?», preguntó ella, sin apartar la mirada. «Ahora estás aquí, ¿no? Pues ocupémonos de ello mañana por la mañana».
Se hizo el silencio. Al no recibir respuesta, Alina entrecerró los ojos. «¿Cuál es tu excusa esta vez?».
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Un instante después, Kellan respondió: «Mañana te vas al Campeonato Internacional de Ajedrez».
La respuesta de Alina no se hizo esperar. «Mi vuelo no sale hasta el mediodía. Eso nos da tiempo más que suficiente para firmar los papeles a primera hora de la mañana. No me digas que de repente vuelves a estar ocupado».
Las palabras dieron en el blanco. Kellan se había estado preparando para usar precisamente esa excusa, pero ahora se le atragantó antes de que pudiera salir de su boca. Todas las vías de retirada habían quedado bloqueadas, dejándolo sin nada que decir.
En la habitación se hizo el silencio. Envuelto en la oscuridad, Kellan permaneció donde estaba, sin moverse ni hablar. Verlo así no hizo más que avivar la irritación de Alina.
No tenía ni idea de qué le pasaba últimamente, pero el hecho de que siguiera ocultándole cosas era suficiente para enfadarla.
Tras respirar hondo, dijo con frialdad: «Si estás ocupado, vete. Necesito dormir. Cameron vendrá mañana a recogerme para llevarme al aeropuerto».
Dicho esto, le puso una mano en el pecho e intentó crear algo de distancia entre ellos.
En el momento en que el nombre de Cameron salió de sus labios, el ambiente a su alrededor se volvió notablemente más frío.
Antes de que pudiera reaccionar, él le agarró la muñeca y la atrajo hacia sí. Su boca se estrelló contra la de ella de nuevo.
La furia se apoderó de Alina. Esta vez, lo apartó de un empujón con todas sus fuerzas. «Kellan, ¿te has vuelto loco?».
Su mirada permaneció fija en ella mientras respondía sin vacilar: «Seguimos casados. Mencionar a otro hombre delante de mí me da todas las razones para enfadarme».
La seriedad de su tono hacía que el argumento sonara absurdamente razonable.
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