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Capítulo 259:
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Alan se abalanzó sobre ella y la agarró por el cuello. Apretó los dedos, cortándole el paso del aire. Ella luchaba por respirar, con los ojos muy abiertos por el pánico y la boca abierta sin que saliera ningún sonido.
Su conciencia comenzó a desvanecerse, poco a poco.
Sentía cómo la vida se le escapaba entre los dedos.
La mirada de Jessica empezó a nublarse, sus pupilas perdían el foco.
Entonces, a través de la neblina, oyó a Alan gritar como un loco justo al lado de su oído: «¡Tina es Alina! ¡Jessica, me has arruinado la vida!».
Esas palabras golpearon a Jessica como un rayo. ¿Tina era Alina?
¿Cómo podía ser eso posible?
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La impactante revelación la devolvió en seco a la realidad y, reuniendo sus últimas fuerzas, le dio una patada a Alan con toda la fuerza que pudo.
En cuanto él aflojó el agarre, Jessica jadeó desesperadamente en busca de aire y gritó: «¡Te han engañado, Alan!».
«¡Vi con mis propios ojos cómo Tina salvaba a Cameron!», gritó Alan histéricamente. «¡Tina es Alina!».
Los ojos de Jessica se quedaron en blanco al instante. Todo su cuerpo temblaba incontrolablemente mientras una conmoción abrumadora la invadía.
Durante todo este tiempo, había considerado a Alina nada más que la hija de una criada, alguien insignificante, por debajo de ella.
Sin embargo, en realidad, Alina tenía muchas otras identidades, y cada una de ellas era extraordinaria.
¿Significaba eso que, aunque las hubieran intercambiado al nacer, Alina, como verdadera hija de la familia Hayes, habría alcanzado la grandeza por sus propias capacidades de todos modos?
Jessica negó con la cabeza, desesperada, incapaz de creer lo que estaba sucediendo.
Se suponía que ella era la que estaba en la cima, así que Alina debía de haber utilizado algún método deshonesto para hacerse con la identidad de Tina.
Al ver a Alan acurrucado en el suelo, agarrándose el estómago, Jessica no se detuvo a ayudarle. Se dio la vuelta de inmediato y salió corriendo hacia la entrada principal.
Corrió tan rápido como pudo, sabiendo que si bajaba el ritmo aunque fuera un poco, Alan o la familia Hayes la alcanzarían y la atraparían.
Tras escapar de la residencia de los Hayes, Jessica se dirigió directamente a una casa de empeños y vendió las pocas cosas de valor que aún le quedaban. Con el dinero que obtuvo, se compró un teléfono nuevo. En cuanto se conectó a las redes sociales, se encontró con que su bandeja de entrada estaba inundada de notificaciones.
Un tema de tendencia le llamó la atención de inmediato: «¿Alguien más se ha dado cuenta de que hay algo raro en Jessica Hayes?».
Con los dedos temblorosos, pulsó sobre él, con el corazón a punto de salírsele del pecho.
La publicación era un extenso análisis escrito por una influencer, en el que se detallaban minuciosamente las diferencias entre ella y Lynda.
La publicación en sí no había llamado mucho la atención, pero Jessica lo entendió de inmediato: era una advertencia de esa persona misteriosa. Llevaba demasiado tiempo posponiendo el pago.
Jessica apretó los dientes, hierviendo de furia, cuando de repente apareció un mensaje.
«Hemos identificado a la persona a la que querías que investigáramos. »
Jessica se animó al instante. «Dime quién es, ahora mismo», respondió de inmediato.
Al poco rato, la otra persona le envió un archivo.
Jessica lo abrió sin perder ni un segundo. En cuanto vio el nombre que figuraba en él, se quedó paralizada. ¡Irene!
Nunca habría imaginado que la persona que movía los hilos en secreto y la había estado engañando todo este tiempo era precisamente esa mujer.
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