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Capítulo 240:
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Sin decir nada más, cruzó la habitación y se sentó frente a Alina. «Adelante, empieza. Treinta minutos deberían bastar».
Alina salió de sus pensamientos, levantó la vista hacia Julia y asintió con calma.
Como le tocaban las blancas, extendió la mano y movió su pieza hacia delante.
Al otro lado del tablero, Julia parecía totalmente desinteresada. De vez en cuando, durante la partida, cogía el móvil para responder a mensajes, y su actitud dejaba claro que consideraba la prueba una pérdida de tiempo.
Nada de eso parecía molestar a Alina. Mantuvo su atención totalmente centrada en el tablero que tenía delante.
Pasaron diez minutos y la partida entró en la fase intermedia. Poco a poco, el desdén en los ojos de Julia se fue desvaneciendo. Cada uno de los movimientos de Alina era preciso, certero y perfectamente calculado, como si ya hubiera previsto todas las posibilidades varias jugadas por delante.
Un atisbo de duda cruzó la mente de Julia. ¿Era esto realmente solo suerte?
Por primera vez desde que se había sentado, se enderezó en su asiento y empezó a tomarse en serio a su rival.
—¿Cuánto tiempo llevas jugando al ajedrez? —preguntó antes de poder contenerse.
—Unos tres años —respondió Alina con calma.
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—¿Tres años? —Julia frunció el ceño. Si Alina decía la verdad, ese nivel de juego debería haber sido imposible. Alcanzar ese grado de precisión solía requerir al menos cinco años de práctica disciplinada, a menos que alguien naciera con un talento natural aterradoramente excepcional. Y a los verdaderos prodigios se les solía descubrir pronto y se les incorporaba a programas de formación profesional mucho antes de ese momento.
Aun así, Julia ya no se atrevía a subestimarla. Poco a poco, el desdén de su expresión se suavizó y prestó toda su atención a Alina.
Ninguna prueba le había exigido jamás tanto esfuerzo. La mayoría de los candidatos apenas le hacían emplear la mitad de su fuerza, si acaso. Al fin y al cabo, se encontraba entre la élite de los ajedrecistas del país y en su día había quedado entre los tres primeros en un campeonato nacional. Cuando se ponía seria, casi nadie podía hacer frente a su juego.
Pero ahora, lo único que podía hacer era ver cómo se hundía cada vez más en una posición perdedora con cada jugada que hacía Alina.
Una parte de ella no dejaba de preguntarse si Alina simplemente había tenido una suerte increíble.
Esta vez, sin embargo, sabía la respuesta con absoluta certeza: la suerte no tenía nada que ver.
El jaque mate final de Alina llegó con una precisión implacable, poniendo fin a la partida en ese mismo instante.
Julia había perdido. Por extraño que pareciera, no sentía frustración alguna. En cambio, una emoción ardiente y aguda le invadió el pecho, como si por fin hubiera encontrado una rival a su altura.
«¿De verdad solo llevas jugando tres años?» La sorpresa y la emoción iluminaron los ojos de Julia mientras miraba fijamente a Alina. «Entonces, ¿quién te enseñó?»
«Nadie», respondió la joven con serenidad.
Julia la miró incrédula y siguió insistiendo. «¿Cómo es posible? ¿Cómo puedes jugar así sin profesor? ¿Es la identidad de tu mentor algún tipo de secreto? ¿Fue Jensen Cunningham? ¿O Rosemary Carman?»
Ambos nombres pertenecían a gigantes del mundo del ajedrez moderno.
«Ninguno de los dos», respondió Alina, negando con la cabeza. «Señora, ¿he aprobado la prueba?»
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Nota de Tac-k: Pasen una muy agradable mañana queridas personitas. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (─‿‿O)
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