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Capítulo 235:
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Al darse cuenta de que ella no le prestaba mucha atención, Kellan dejó escapar un suave suspiro y le revolvió el pelo. Como parecía completamente absorta en la partida, decidió no insistir más en la conversación. «Tengo trabajo que hacer», anunció.
Alina se limitó a asentir, distraída.
Un instante después, la puerta se cerró tras él.
Unos diez minutos más tarde, la partida terminó. Alina cogió inmediatamente su móvil y hizo una llamada. En cuanto se conectó, habló con un tono tranquilo y profesional. «La IA no es perfecta. He encontrado varios puntos débiles y ya he enviado el análisis».
La persona al otro lado de la línea casi se atraganta. «¿Me estás tomando el pelo? ¡Es increíble! ¿Tienes idea de lo que acabas de hacer? ¡Esa IA se creó utilizando datos del mejor jugador de ajedrez del mundo! ¡Imita su estilo a la perfección! La gente lleva años intentando desafiarla y nadie —ni una sola persona— ha conseguido vencerla jamás».
La persona al otro lado del teléfono se emocionó al instante. «¡Eres prácticamente una leyenda! ¡Juega una partida contra un gran maestro! ¡Me encantaría ver quién es más fuerte!».
Alina, sin embargo, no tenía ningún interés en eso.
La empresa se dedicaba al desarrollo de juegos de ajedrez y contaba con uno de los sistemas de IA de ajedrez más avanzados del sector, lo que atraía a innumerables aficionados al juego. Para seguir aumentando la dificultad de la IA, contrataban regularmente a jugadores para poner a prueba el sistema. Alina solo había aceptado el trabajo de probadora porque quería algo sencillo que hacer en su tiempo libre y, de paso, ganar un poco de dinero extra.
¿Jugar contra alguien? ¿Acaso le pagarían por eso?
«Paso», dijo. «No tengo tiempo».
Envió su informe de pruebas y colgó.
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Mientras tanto, el empleado ordenó inmediatamente al equipo técnico que ajustara el sistema de IA según las sugerencias de Alina.
Poco después, el teléfono de la oficina volvió a sonar.
«Señor Cunningham, ¿necesita algo?», preguntó el empleado respetuosamente.
Jensen Cunningham era originario de Uswor. Había sido campeón internacional de ajedrez y ostentaba el título de gran maestro. Al mismo tiempo, ejercía como asesor especial de la empresa para el desarrollo de la IA aplicada al ajedrez.
Aunque el tono de Jensen se mantuvo tranquilo, se percibía un claro descontento subyacente. «Me he dado cuenta de que se han modificado los ajustes avanzados de la IA».
El empleado sintió la presión de inmediato, ya que no esperaba que Jensen se diera cuenta tan rápido. «Sí, señor».
«¿Qué se supone que significa esto exactamente? ¿Cree que la versión revisada es mejor que la que yo diseñé?»
«Por supuesto que no, señor. Esa no era en absoluto nuestra intención. Simplemente nos preocupaba que la IA pudiera reflejar en exceso su estilo personal».
Jensen soltó un bufido frío y colgó el teléfono.
A decir verdad, sentía que la gente de allí no entendía casi nada de ajedrez.
Aun así, nada de eso le importaba. Lo único que le importaba era que le pagaran.
Jensen bajó la mirada hacia el tablero de ajedrez que tenía delante. Su oponente acababa de hacer su jugada, y la satisfacción se reflejó en sus ojos. «Carola, tu nivel ha vuelto a mejorar. A este paso, pronto me superarás».
«Eso es solo porque me has guiado tan bien», respondió Carola, esbozando una leve sonrisa.
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