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Capítulo 162:
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Tragándose su orgullo, Liam suavizó el tono. «Cecelia, me he pasado los últimos días dándole vueltas a todo. Sé que me equivoqué en todo. ¿Me darías otra oportunidad? Estoy montando una nueva agencia. Esta vez, todo lo que tengo lo destinaré a mantenerte a ti, solo a ti. Dedicaré todos mis recursos a ti».
Cada palabra sonaba sincera, pero, por desgracia, lo único que Cecelia podía recordar era cómo la había apuñalado por la espalda.
«No vuelvas a ponerte en contacto conmigo», dijo con un tono gélido.
La línea se cortó de inmediato. Presa del pánico, Liam volvió a llamar enseguida. «Lo sentimos, el número al que ha llamado no está disponible en este momento…», respondió una voz mecánica.
Lo intentó una y otra vez, pero el resultado nunca cambió: Cecelia había bloqueado su número.
Una oleada de mareo se abatió sobre Liam con tanta fuerza que casi perdió el equilibrio, preguntándose si ella realmente lo había borrado de su vida.
Por primera vez, sintió como si todo a su alrededor se estuviera derrumbando.
Si nunca hubiera traicionado a Cecelia, nada de esto habría pasado y él seguiría siendo dueño de su empresa. A través de ella, quizá incluso habría tenido la oportunidad de conocer a Niala en persona, y con el respaldo de una música legendaria como ella, su empresa podría haber alcanzado cotas inimaginables.
En aquel entonces, Cecelia confiaba en él tan plenamente que, si le hubiera pedido algo, probablemente habría accedido sin pensárselo dos veces.
Ahora, ni siquiera le dirigía la mirada.
El peso aplastante del arrepentimiento lo consumía.
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Recién salida de la ducha, Alina se recostó contra el cabecero, desplazándose distraídamente por su móvil.
Un instante después, se abrió la puerta del baño y Kellan salió con solo una toalla envuelta alrededor de la cintura. Gotas de agua aún se aferraban a su piel, trazando las líneas definidas de su pecho y abdomen. Aquella imagen desprendía un encanto natural y masculino que hizo que a Alina se le acelerara el corazón.
Se sonrojó al instante.
Rápidamente bajó la mirada y fingió concentrarse en la pantalla de su móvil, como si no lo hubiera visto en absoluto.
Unos instantes después, el colchón se hundió a su lado.
Un aroma fresco a menta la envolvió cuando Kellan le rodeó la cintura con un brazo por detrás, atrayéndola hacia el calor de su cuerpo. Su presencia la envolvió por completo, lo que hizo que se sonrojara aún más. —Deberíamos dormir un poco —murmuró Alina en voz baja.
—Vale —respondió Kellan, cerca de su oído.
Su aliento rozó ligeramente su piel, provocándole un leve escalofrío.
Intentando recomponerse, Alina dejó el móvil a un lado y se dispuso a tumbarse. Pero antes de que pudiera hacerlo, Kellan le levantó la barbilla hacia él y la besó.
Al principio, los besos fueron lentos, suaves y prolongados, como la lluvia que cae contra una ventana en plena noche. Poco a poco, se hicieron más intensos, sin dejarla espacio para pensar.
Antes de darse cuenta, Alina se encontró sumida en su abrazo. Todo a su alrededor comenzó a difuminarse hasta convertirse en algo onírico.
Una vez más, su ropa acabó esparcida por el suelo.
Más allá de la ventana, la lluvia seguía cayendo en silencio a través de la oscuridad.
Y en los brazos de Kellan, Alina se perdió por completo.
Alina abrió lentamente los ojos al amanecer, pero le dolía cada parte del cuerpo como si la hubiera atropellado un camión.
—Buenos días, cariño —murmuró Kellan con voz grave y ronca.
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