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Capítulo 133:
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Cualquier cosa relacionada con Alina captaba inmediatamente la atención de Irene. Para ella, incluso el más mínimo dato podía convertirse algún día en un arma.
El resentimiento que hervía en su interior no había hecho más que crecer con el tiempo. Culpaba a Alina de todo lo que había perdido y de cada situación humillante que ahora tenía que soportar.
Impulsada por ese odio, comenzó a registrar la oficina en silencio.
Al poco rato, sus ojos se posaron en un informe de ADN sellado que había metido en uno de los cajones.
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Con cuidado, lo sacó y abrió el expediente.
Segundos después, los resultados oficiales aparecieron ante su vista.
La mayor parte del lenguaje técnico se le escapaba, así que pasó directamente a la conclusión final.
«La probabilidad de una relación biológica entre madre e hija es del 0,01 %. Los resultados de la prueba confirman que las dos personas no tienen parentesco».
Irene frunció el ceño.
Aunque en su día había tenido una relación cercana con Alina, sabía que, en realidad, ellas dos nunca se habían llevado bien.
De hecho, había habido momentos en los que había sentido que Kristy trataba a Alina más como a una rival que como a su propia hija.
Durante mucho tiempo, había creído que Kristy actuaba así debido al duro juicio al que se había enfrentado tras dar a luz fuera del matrimonio. Pero ahora todo parecía diferente, y la verdad resultaba ser mucho más complicada.
Si no eran parientes consanguíneas, ¿de quién era hija Alina, en realidad? ¿La habían adoptado o había alguna historia oculta que nadie conociera?
En ese momento, Irene se dio cuenta de que había dado con algo importante. Un instinto agudo le decía que descubrir la verdad le beneficiaría tarde o temprano.
Con cuidado de no llamar la atención, devolvió el informe de ADN a su sitio antes de salir en silencio de la consulta del médico.
Para cuando Alina cruzó el umbral de su casa, ya había caído la noche.
Aun así, todavía no podía descansar, ya que tenía trabajo pendiente, así que encendió su portátil y empezó a revisar una lista de canciones para las que tenía que componer la banda sonora.
Las horas se fueron pasando y siguió trabajando hasta que aparecieron las primeras luces del alba. Solo entonces se fue por fin a la cama.
Cuando volvió a abrir los ojos, ya había pasado el mediodía. El hambre le carcomía el estómago, así que cogió el móvil para pedir comida, pero en su lugar encontró un mensaje de Kellan. Decía: «Mi madre quiere verte».
Alina se puso tensa al leerlo y lo llamó de inmediato. «¿Por qué quiere verme tu madre?».
«¿No es obvio? Quiere que le digas directamente que de verdad vas a seguir adelante con el divorcio», respondió Kellan con frialdad, en un tono inflexible.
«Déjame hablar con ella», insistió Alina.
Pero Kellan descartó la idea sin dudarlo. «No tiene sentido. Se niega a hablar del tema a menos que te presentes en persona. Si no lo haces, no aprobará el divorcio», respondió con frialdad.
La frustración se apoderó de Alina mientras se frotaba la frente. Ya sabía lo terca que podía llegar a ser Pamela y, sin una explicación cara a cara, su suegra nunca dejaría el asunto en paz. «Está bien, pasaré más tarde», accedió.
Tras comer algo ligero, Alina se dirigió a la residencia de la familia Gilbert.
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