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Capítulo 130:
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«Entonces, ¿cómo se le ocurrió algo tan extraordinario?». La furia en su voz se quebró, dando paso a un tono de desesperación.
En su mente, quedarse con esa canción había sido el golpe de gracia, la jugada que desmantelaría silenciosamente todo por lo que Cecelia había trabajado.
Lo que nunca había imaginado era que Cecelia pudiera contraatacar con algo aún más devastador.
La canción apenas llevaba unas horas en el mercado cuando se disparó directamente a lo más alto de las listas de nuevos lanzamientos, como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar.
Y ahora todas las plataformas, todas las secciones de comentarios, todos los temas de tendencia estaban inundados de gente que iba directamente a por ella.
El rostro de Kenzie era un campo de batalla de rabia y orgullo herido. «Encuentra la manera de hundir a Cecelia, o todas las conversaciones que hemos tenido sobre tu nueva empresa quedarán enterradas».
𝘗𝗗𝗙 𝗲𝗇 𝗇𝘂е𝘀t𝘳o 𝘛𝗲𝗹eg𝘳а𝘮 dе 𝗇o𝘃𝖾la𝘴4𝖿an.𝖼o𝗆
Arrebató su bolso de la silla y salió furiosa de la habitación, dando un portazo tras de sí como si fuera su última palabra.
Alina y Cecelia ya se habían escabullido.
Cada palabra de aquella discusión encajaba como las piezas de un rompecabezas. Por primera vez, Cecelia comprendió con dolorosa claridad qué había llevado a su mánager a volverse contra ella.
«¿Lleva todo este tiempo montando su propia empresa a espaldas de todos? Eso es una violación directa de todo lo que acordamos». Cecelia frunció el ceño con fuerza. «¡Qué descaro el de ese hombre!».
Alina asintió con firmeza. «Ve primero a ocuparte del contrato. Resuelve eso antes que nada».
Cecelia respiró hondo, enderezó los hombros y cruzó la puerta.
El jefe levantó la vista de su escritorio con la calma lenta y mesurada de quien ya había decidido cómo se desarrollaría todo el asunto. «¿Qué te trae por aquí?».
«He venido a rescindir mi contrato». Cecelia lo miró sin pestañear.
Él no respondió de inmediato. En su lugar, deslizó un contrato por el escritorio con un empujón deliberado. «Las cláusulas de rescisión están todas ahí. Léalas».
Cecelia pasó las páginas con cuidado, pero con cada línea que leía, algo en su expresión se tensaba y se ensombrecía. «Esto no está bien. Este no es el contrato que firmé. El mío estaba a punto de vencer. Esta versión dice que me quedan diez años completos».
El gerente se llevó una mano a la cara y se ajustó las gafas con calma. Bajo la cruda luz de la oficina, su rostro parecía tallado en piedra. «Y, sin embargo, la firma al pie de esa página es inconfundiblemente la tuya».
Cecelia acercó la página y estudió cada curva de la firma. No podía rebatir lo que veía. Era la suya.
No tenía ni idea de cómo era posible.
Su mente se llenó de confusión y angustia hasta que, tras un largo y sofocante silencio, la respuesta comenzó a aflorar. Nunca le había cuestionado ni una sola vez cuando él le ponía documentos delante. Simplemente había firmado cada vez. Habría sido muy fácil colar páginas adicionales.
«Me has tendido una trampa». Las palabras salieron en voz baja y temblorosa, cargadas de un dolor y una furia que luchaban por liberarse. Sus ojos no se apartaron ni un instante de su rostro.
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