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Capítulo 110:
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Ya había caído la noche cuando estuvo listo para marcharse.
A la hora acordada, Alan llegó a la habitación.
Sentía una mezcla de emoción y tensión en el pecho. Si conseguía establecer una relación duradera con Tina, su futuro en el Grupo Hopkins estaría asegurado.
Recordando las instrucciones de Tina, dejó las luces apagadas y esperó en la oscuridad. Justo a las ocho en punto, la puerta se abrió y alguien entró.
Alan percibió que la figura se acercaba y, antes de que pudiera reaccionar, lo empujaron sobre la cama.
Una extraña y inesperada timidez se apoderó de él. La audacia de Tina lo pilló completamente desprevenido.
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Pero no tardó mucho en darse cuenta de que algo iba mal. Quienquiera que lo estuviera inmovilizando era demasiado fuerte, con un físico ancho y poderoso. Sorprendido, abrió los ojos de par en par. Era un hombre.
«¡Qué demonios!», gritó, y su voz resonó por toda la habitación del hotel.
A la mañana siguiente, Alina estaba sentada junto a la ventana, bebiendo su café a sorbos. De repente, su teléfono se iluminó al recibir una llamada.
«Lo siento…», dijo una voz temblorosa al otro lado de la línea.
Alina permaneció en silencio, con el rostro impasible.
«Alina, han amenazado a mi familia. No tuve otra opción… ¿estás… estás bien?», sollozó Jasmine, con la voz ahogada por las lágrimas.
«Estoy bien», respondió Alina, con tono neutro.
«Lo siento muchísimo, Alina. Me arrepiento de todo y estoy aterrorizada», dijo Jasmine, derrumbándose por completo, con la respiración entrecortada entre sollozos. «Por favor, dime qué puedo hacer para arreglar esto. Haré lo que sea para compensarlo».
«Céntrate solo en tu propia vida. No deberíamos seguir en contacto». Dicho esto, Alina colgó sin dudarlo.
En el fondo, entendía perfectamente la desesperación de Jasmine. Aun así, una vez que se había roto la confianza, ninguna explicación podía repararla. Simplemente no podía obligarse a creer en ella de nuevo.
En cuanto Alina colgó, su teléfono volvió a sonar. Supuso que era Jasmine llamando de nuevo, pero cuando miró la pantalla, apareció el nombre de Cecelia.
«¡Alina!», resonó la voz alegre y vivaz de Cecelia por el altavoz.
Una suave risa se escapó de los labios de Alina. «Vaya, qué sorpresa. ¿De verdad tienes tiempo para llamarme?».
«En cuanto terminé de trabajar en mi nueva canción, quise hablar contigo», respondió Cecelia alegremente.
«¿Ya has terminado de grabar la nueva canción?», preguntó Alina, curiosa.
«¡Por supuesto que sí!». Cecelia soltó una risa orgullosa. «¿Estás libre esta noche? Me parece que hace una eternidad que no quedamos. ¿Nos vemos en el Breeze Lounge?»
El Breeze Lounge era un club de ocio de lujo conocido por sus pistas de equitación y de bolos. Siempre había sido uno de sus lugares favoritos para relajarse juntas.
Sin dudarlo, Alina aceptó.
A las cinco de la tarde, las dos se acomodaron en un acogedor restaurante para cenar. A mitad de la cena, Cecelia le puso con entusiasmo a Alina la canción que acababa de grabar.
«¿Y bien? ¿Qué te parece?», preguntó, mirándola con esperanza.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Alina. «Es increíble. Tu representante sí que sabe lo que hace».
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