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Capítulo 468:
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Ansiosa por cambiar de tema, Darya sacó una caja bellamente adornada y se la entregó a Morton.
«Sr. Cavanaugh, este es un anillo de jade que adquirí recientemente en una subasta. Es de la misma calidad que el que tenía antes, si no más exquisito. He oído que suele visitar el museo para admirar su antiguo anillo. No sabía…»
«Que le tenía tanto cariño. Considérelo una pequeña muestra de mi agradecimiento. Por favor, acéptelo, señor Cavanaugh».
Cuando Morton recibió la caja, una mezcla de confusión y sospecha se apoderó de su mente.
¿Le estaba ofreciendo Darya un regalo de verdad o había un toque de burla en sus palabras?
Thomas se esforzó por reprimir la risa al oír las palabras de Darya.
Encontraba bastante intrigante a esta mujer aparentemente fría y distante que tenía ante sí.
Tras dar las gracias, Morton abrió la caja y sus ojos se abrieron con asombro.
El anillo que había dentro superaba sus expectativas en todos los sentidos.
Su artesanía lo proclamaba como un tesoro invaluable.
Morton no pudo resistir la tentación de ponerse el anillo, pero el miedo a dañar el precioso artefacto con sus manos sudorosas le impidió hacerlo.
En su lugar, lo admiró desde la distancia, con los ojos llenos de adoración.
Sin embargo, una sombra cruzó su rostro cuando se dio cuenta de algo.
Darya le había hecho un regalo tan extravagante en su primer encuentro, pero no había mencionado nada sobre el matrimonio o la reconciliación.
Este gesto no era solo una muestra de gratitud por haberle salvado la vida.
Parecía una especie de pago.
A Matthias no le importaba que Morton pareciera haber descubierto su plan.
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Cuando se trataba de la felicidad de su querida hija, no escatimaba en gastos.
El dinero le importaba poco.
Morton mantuvo su sonrisa y dirigió la mirada hacia Micah, que estaba sentado a su lado.
Micah tampoco era ajeno a las intenciones de los McAllister. Su rostro se ensombreció y un aura gélida pareció envolverlo mientras miraba fijamente a Darya.
Darya se concentró en silencio en el menú, optando por abstenerse de seguir conversando.
—Tío Morton, este anillo es increíble. La señorita McAllister tiene un gusto excelente —intervino Thomas de repente, rompiendo la tensión.
Darya levantó la mirada hacia el hombre inusualmente jubiloso que tenía delante y puso los ojos en blanco.
Si no fuera por él, no se habría encontrado en una situación tan embarazosa.
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