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Capítulo 417:
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Aunque había visto a Darya desde lejos y tenía un fuerte deseo de acercarse a ella, sabía que sus responsabilidades profesionales tenían que ser prioritarias.
Por otro lado, Darya, ajena a la agitación de Micah, decidió comer algo.
Sin embargo, justo cuando se disponía a acercarse a la mesa del bufé, una violenta sacudida resonó en el barco, seguida de un ensordecedor chirrido.
El barco se estremeció al chocar contra una enorme roca submarina, lo que le hizo perder estabilidad e inclinarse peligrosamente hacia un lado.
Se produjo el caos cuando el pánico se apoderó de los invitados: los vasos se rompieron y los gritos llenaron el aire.
En medio del caos, Darya se vio envuelta en el caos, cayendo sin control hacia el borde de la cubierta inclinada. El mundo parecía difuminarse a su alrededor mientras era engullida por las agitadas olas, con el mar en estado de furia. La historia del Titanic pasó por su mente.
No quería morir en el agua; quería volver a casa con su padre, sus hermanos y sus amigos.
Al caer al agua, su instinto le gritaba que nadara, que luchara contra la poderosa corriente que amenazaba con arrastrarla hacia abajo. Pero en medio de la confusión y el pánico, su mente la traicionó, nublada por el miedo.
Se debatía desesperadamente, jadeando en busca de aire, pero sus intentos por nadar resultaron inútiles.
Justo cuando Darya estaba a punto de rendirse a las traicioneras profundidades, una voz atravesó el caos, cortando su pánico como un salvavidas. «¡Darya! ¡Darya, aguanta!».
Se giró, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, y vio a Micah desafiando las turbulentas olas para llegar hasta ella.
En el Grupo Paragon, Avery salió de la sala de conferencias y miró su reloj.
A esas alturas, Darya estaría disfrutando a bordo del crucero.
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No pudo evitar sonreír al pensar en su hermana divirtiéndose.
Se preguntó si iría al casino y cuánto dinero gastaría.
De repente, Glen se abalanzó hacia él, con el rostro pálido.
—Jefe… ha ocurrido algo terrible…
Avery frunció el ceño mientras observaba al asistente. —¿Qué?
—El Elysian Jewel, el crucero en el que viajaba la señorita McAllister… se ha hundido. Los informes dicen que ya se han perdido cuarenta y siete vidas… y la señorita McAllister… —La voz de Glen temblaba por la angustia.
Avery se quedó mudo.
¿El barco se hundió?
¿Cómo pudo ocurrir tal calamidad?
«¿Qué pasó? ¿Qué le pasó a Darya?». Avery agarró a Glen por el hombro, con la ansiedad grabada en su rostro.
Una tormenta se desató en sus ojos. «Está desaparecida. La ciudad ya ha enviado un equipo de rescate… Dicen que no pinta bien».
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