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Capítulo 413:
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Qué mala suerte encontrarse con Micah, incluso en un concierto.
La mirada de Micah se fijó en Darya y, al ver a Asher sentado a su lado, frunció el ceño y sus ojos emitieron un frío glacial.
¿Era Asher su cita?
Darya se negó a dejar que la presencia de Micah le amargara el ánimo.
Era una invitación de Asher y no podía abandonarlo.
Además, Micah ya no tenía poder sobre sus emociones.
Consciente de la incómoda situación, Asher se inclinó hacia Darya y le susurró: «Si te molesta verlo, podemos ignorarlo. O puedo conseguir otros asientos si quieres».
Darya sonrió y alzó la voz a propósito para que Micah pudiera oírla. «No te preocupes. ¿Por qué deberíamos preocuparnos por él?».
Micah apretó los puños, luchando contra el impulso de girar la cabeza.
El aire acondicionado de la sala de conciertos estaba a toda potencia.
Al ver que Darya se frotaba los brazos, Asher le preguntó: «¿Tienes frío? ¿Quieres mi abrigo?».
Darya negó con la cabeza, agradecida por la amabilidad de Asher.
Pronto, las luces se atenuaron y la sala de conciertos quedó sumida en un silencio reverencial.
El pianista entró en el escenario, rodeado de un aura de tranquila confianza.
Se colocó ante el piano de cola, con las manos descansando suavemente sobre las teclas de marfil.
Con un gesto grandilocuente, las primeras notas llenaron el aire, ricas y con cuerpo, resonando con un poder sublime que capturó inmediatamente la atención del público.
A medida que la música se desarrollaba, los ojos de Darya se fijaron en las manos del pianista, maravillándose de su maestría.
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Cada golpe de las teclas estaba impregnado de pasión, cada delicado matiz estaba hábilmente elaborado.
Las melodías bailaban por la sala de conciertos, evocando una gama de emociones que se arremolinaban en el alma de Darya.
En ese momento, Darya anhelaba estar ella misma al piano, con los dedos deseosos de deslizarse por las teclas para liberar la música que vivía en su interior.
La familiaridad de las composiciones clásicas le trajo recuerdos de su propio viaje musical, de las innumerables horas dedicadas a practicar, buscando la perfección y la conexión entre su corazón y el instrumento.
De vez en cuando, miraba a Asher, agradecida por su invitación.
Micah, por su parte, se sentía inquieto, como si estuviera sentado sobre alfileres.
La idea de que Darya asistiera al concierto con Asher le preocupaba.
Anhelaba girar la cabeza y calcular la distancia entre ellos.
¿Estaban demasiado cerca?
¿Se cogían de la mano?
Pero se contuvo.
A medida que avanzaba el concierto, a Micah le resultaba difícil recordar los detalles, mientras que Darya se sumergía por completo en la experiencia, saboreando cada momento.
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