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Capítulo 296:
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El corazón de Micah se estremeció ante las palabras de Darya, y finalmente comprendió el peso de sus acciones.
«Darya, lo siento», murmuró, con palabras cargadas de arrepentimiento.
Darya sintió una mezcla de halago y amargura ante la disculpa de Micah. Levantó la cabeza, con una fría sonrisa en los labios.
«Así que sí sabes cómo disculparte», dijo con sarcasmo, entrecerrando los ojos. «Creía que la palabra «lo siento» no formaba parte de tu vocabulario. Pero las disculpas no pueden cambiar el pasado. Ahora ya no sirven de nada».
Giró la cabeza para mirar por la ventana.
La culpa de Micah era genuina, pero Darya no mostraba ninguna inclinación a aceptar su disculpa. El dolor que había soportado no podía aliviarse con meras palabras. Las heridas eran demasiado profundas.
«Jefe, señor Cavanaugh, hemos llegado», intervino Glen, con voz llena de alivio, dirigiéndose a las dos figuras impasibles del asiento trasero.
El viaje no había sido largo, pero a Glen le había resultado arduo. Darya no perdió tiempo, abrió la puerta del coche y se dirigió a grandes zancadas hacia la entrada del grandioso edificio de Starlight. Micah la siguió de cerca.
En la sala de conferencias de la última planta, los directores y accionistas se reunieron para recibir a las dos figuras, todos excepto los representantes de la familia Langford.
Darya y Micah intercambiaron cortesías antes de que Darya aprovechara la oportunidad para escapar de la multitud, excusándose con una llamada telefónica. Esta reunión decidiría el futuro de Starlight.
El destino de la adquisición pendía de un hilo, con la familia Langford compitiendo por más acciones y presionando sin descanso durante todo el fin de semana. Sabían que Darya ya poseía el 51 %, pero tal vez algunos de los inversores individuales estuvieran dispuestos a vender sus acciones a los Langford, lo que les permitiría conservar el máximo poder posible.
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Lo que no sabían era que Micah ya había transferido su derecho a comprar el último 10 % de las acciones a Darya.
Micah frunció el ceño al ver a Darya alejarse, sintiendo su deseo de distanciarse de él. ¿Acaso le tenía tanto odio?
Darya cogió su teléfono y se dirigió al salón, decidiendo despejar su mente con una taza de café antes de la reunión.
Justo cuando se dio la vuelta, una voz aguda cortó el aire. «¡Darya McAllister, qué descaro aparecer por aquí!».
No era otra que su nueva enemiga, Amelia.
Darya se rió entre dientes, con un toque de diversión en su voz. «Que yo sepa, todavía tengo libertad para ir donde me plazca».
La ira de Amelia no hizo más que intensificarse al ver el aspecto radiante de Darya. Era por culpa de Darya que Starlight se había visto envuelta en el caos, sin nadie que la ayudara a capear el escándalo. Los rumores sobre apuestas, cirugía plástica y otras innumerables acusaciones se propagaban como la pólvora, impermeables a los intentos de la familia Langford por suprimirlos.
Amelia, que en su día fue una querida estrella, Amelia se había convertido en el blanco del desprecio público e incluso se enfrentaba a las críticas de su propia familia. Y todo gracias a Darya.
Sin embargo, el triunfo de Darya sería efímero. La familia Langford estaba decidida a hacerse con el control de las acciones de Starlight.
«¡No te confíes, Darya! La junta de accionistas revelará quién es la verdadera ganadora», espetó Amelia con voz llena de rencor.
Cruzó los brazos. «¿Sabías que Micah también tiene acciones en la empresa? Dudo mucho que te las ceda. ¡Así que prepárate para tu inminente derrota!».
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