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Capítulo 858:
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Cara luchó contra una punzada de humillación ante la idea de esconderse en la propiedad de Andrew, pero en cuanto cruzó la puerta, la casa le robó el aliento. La decoración refinada, la iluminación cálida, el diseño atemporal… todo encajaba demasiado bien con su gusto. Casi parecía como entrar en la vida que siempre había creído que se merecía.
«Hmph. ¿Quién sabe de qué dinero salió a Andrew para comprar este lugar? Quizá fuera de Jorge, lo que significa que, en realidad, era mío. Tengo todo el derecho a vivir aquí», declaró Cara.
Grace asintió levemente. «Mientras te guste, eso es lo que importa».
El tiempo volvió al presente.
«¿Dónde está mi madre?», preguntó Nick al entrar en la casa.
«En el dormitorio al final del pasillo de la primera planta», respondió Grace.
Nick desapareció por el pasillo, mientras Erica se volvía hacia Grace con el ceño fruncido. « ¿Por qué estás aquí?«
Grace soltó una risa baja y sin humor. «Soy la doncella personal de la señora Brooks. ¿Y tú? ¿Cómo te las has arreglado para acercarte a ella?»
Erica puso los ojos en blanco, irritada.
El tono de Grace se endureció. «No te molestes en fingir. Envidiabas mi sueldo en aquel entonces, y ahora te aferras a ella por cualquier migaja que puedas conseguir».
Erica soltó un bufido seco y desdeñoso. En su día había mirado la riqueza de Cara como un premio, pero esa fortuna se había agotado por completo. Puede que aquellas mujeres adineradas no lo supieran, pero ella veía la situación con claridad: hacía meses que no le pagaban el sueldo, y Cara ni siquiera podía reunir el dinero para el taxi.
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«¿No estás tú también tras su dinero?», se burló Erica. «Qué pena que esté en la ruina».
La expresión de Grace se volvió gélida. Esta vez, el dinero no era su motivo. Se había acercado a Cara para ajustar cuentas. Aquella vez que los perros la atacaron en el salón de los Brooks, Cara se había quedado mirando sin mover un dedo. Ese recuerdo se aferraba a ella como una herida que se negaba a cerrarse.
Grace se dejó caer en el sofá con una autoridad natural. «Tráeme un vaso de agua. Tengo sed».
«Las dos somos sirvientas, ¿por qué debería servirte yo?», espetó Erica.
—Porque si piensas quedarte cerca de ella, tendrás que responder ante mí —se burló Grace.
A Erica se le cortó la respiración por la frustración que apenas podía contener. Cara ya no tenía ningún sueldo que ofrecerle, y marcharse siempre era una opción; sin embargo, tras meses de trabajar gratis, se negaba a irse con las manos vacías. Se había convencido a sí misma de que, una vez que Cara se divorciara de Jorge, tal vez le lloviera un generoso acuerdo de divorcio. Al fin y al cabo, Nick seguía siendo el hijo de Cara; el dinero volvería de alguna manera.
Pero ahora que Grace había reaparecido, Erica comprendió que solo sobreviviría allí manteniéndose en el lado bueno de Grace. Así que, con gran renuencia, le entregó a Grace un vaso de agua.
Mientras tanto, en el dormitorio, Nick entró y encontró a Cara tumbada con los ojos cerrados.
«¿No decías siempre que nunca habías comprado ninguna propiedad?», preguntó. «¿Cuándo conseguiste esta villa?».
Los ojos de Cara se abrieron de golpe, con un destello de pánico en ellos.
—Esta es la casa de tu padre, Nick —dijo Cara, con voz tensa.
Mencionar a su padre fue como echar gasolina al resentimiento que ya ardía dentro de Nick. —¿No actuabas siempre como si estuvieras tan dedicada a papá? Si lo querías tanto, ¿por qué lo engañaste? —espetó él.
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