Una vez la esposa tonta, ahora su eterna obsesión - Capítulo 57
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Capítulo 57:
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Una noche era el precio por diez millones. Treinta millones significaban tres noches.
Cathryn sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies. Anoche se había convencido a sí misma de que aún tenía cierto control. Ahora Andrew había cambiado el guion. Ella era suya y no tenía adónde huir.
Tras respirar profundamente, se obligó a decir las palabras. «Trato hecho».
Un momento después, su teléfono vibró: veinte millones transferidos, así de simple.
Cathryn no dudó. Levantó la paleta en alto. «Veinticinco millones».
Todas las cabezas de la sala se giraron para mirarla. ¿Quién era esa mujer, tan audaz como para arriesgar una suma tan escandalosa por un solo cuadro de Louis Marquet?
Desde arriba llegó una nueva puja, clara y definitiva. «Treinta millones».
La sala estalló en susurros y exclamaciones. Alguien allí arriba estaba tirando una fortuna, dispuesto a gastar veinte millones más solo para hacerse con Midnight Lilies.
Cathryn apretó la mandíbula. Quienquiera que estuviera en esa sala parecía conocer cada uno de sus movimientos: igualándola, luego superándola, bloqueando cada camino hacia la victoria. Su dedo se cernió sobre su teléfono. ¿Debía seguir tentando a la suerte, acumulando deuda tras deuda?
El subastador se inclinó hacia ella con mirada penetrante. «Señora, ¿desea continuar?».
Antes de que Cathryn pudiera responder, apareció el mensaje de Andrew. «¿Te presto más?».
Su corazón dio un vuelco. ¿Estaba él allí, en algún lugar por encima de ella, observándola?
Recorrió con la mirada a la multitud, buscando su rostro entre un mar de desconocidos, pero no lo encontró por ninguna parte. Se le escapó un suspiro. Sacudió la cabeza y respondió: «No, ya es suficiente».
La verdad la golpeó con fuerza. Quienquiera que estuviera pujando desde aquella sala pagaría lo que fuera necesario, nunca la dejarían ganar.
Andrew vio su mensaje y esbozó una leve sonrisa de sorpresa. Así que ella había dejado de luchar.
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La voz del subastador se elevó por encima del murmullo. «Enhorabuena a nuestro postor anónimo en la sala privada. Midnight Lilies tiene un nuevo hogar esta noche».
Los aplausos recorrieron la sala, fuertes e implacables. Cathryn se quedó inmóvil, con el corazón tan pesado como una piedra, ahogada en una celebración que no significaba nada para ella.
Jordyn y Vanessa observaban la subasta como depredadores que huelen la sangre. Parecían francamente jubilosas, como si cada golpe del martillo fuera una victoria personal.
«Lo sabía. Cathryn solo estaba jugando», dijo Vanessa con voz arrastrada, con una mano bien cuidada apoyada perezosamente en la barandilla. Sus ojos se posaron en Cathryn con malicia deliberada. «¿Dos millones y medio? Qué broma tan grande».
Jordyn se acercó hasta que su perfume y su presencia invadieron el espacio de Cathryn. Su sonrisa brillaba con crueldad. —El cuadro favorito de tu madre… ha pasado a manos de otra persona. Debe de estar matándote por dentro, ¿verdad? No lo volverás a ver en toda tu vida.
Por un instante, el bullicio de la sala se apagó. Los ojos de Cathryn se endurecieron como el hielo. Mantuvo la voz baja y firme, incluso cuando sus uñas se clavaron en la palma de la mano. —Jordyn, la gente siempre paga por lo que hace.
Jordyn se tapó la boca con una risa tintineante, fingiendo estar sorprendida. «¿Te refieres al karma?». Inclinó la cabeza, dejando que un mechón de pelo se deslizara sobre su hombro. «¿Todavía esperas que sufra por esta cicatriz en el cuello y el pecho? Lamento decepcionarte. Mi madre ya ha localizado al Dr. Clarke. Él mismo vendrá a Olekgan para tratarme».
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