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Capítulo 569:
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Sus palabras, aunque afectuosas, dejaron un leve dolor en el corazón de Cathryn. Aunque su matrimonio con Liam nunca se había consumado, el mundo seguía viéndola como una mujer con un pasado. La idea de estar junto a Andrew, bajo la mirada crítica de quienes habían presenciado su primera boda, la llenaba de un temor silencioso. Ya podía imaginar los susurros, las miradas de reojo, las miradas de lástima dirigidas a Andrew.
Sin embargo, el entusiasmo de Amanda era innegable, y Cathryn no se atrevió a empañarlo. Simplemente sonrió y se mordió la lengua.
Andrew, al notar la inquietud de Cathryn, se pasó la mano por el pelo con una sonrisa despreocupada. —La abuela solía quejarse de sus articulaciones todas las mañanas. Ahora que está ocupada organizando la boda, está más animada que nunca. Deja que se encargue de todo, le da un propósito.
Cathryn bajó la mirada, con un silencio cargado de pensamientos no expresados.
Andrew le levantó suavemente la barbilla hasta que su mirada se encontró con la de él. Su voz era suave, pero resuelta. «Cathryn, quiero hacerte la novia más feliz del mundo, del tipo…
…que todas las mujeres envidian».
Cathryn se emocionó y se le hizo un nudo en la garganta. Las lágrimas brillaron levemente en sus ojos. Podía sentir la sinceridad en cada palabra que él pronunciaba. Él quería darle alegría, pero ella temía que él recibiera desprecio a cambio. Una pizca de tristeza cruzó su rostro antes de que ella la ocultara con una tierna sonrisa.
Andrew le acarició la mejilla con el pulgar, sintiendo la tristeza que se escondía bajo su calma. «¿Qué pasa?».
Cathryn negó con la cabeza y soltó una suave risa. «Nada. Solo estoy abrumada».
Andrew se rió y la atrajo hacia sus brazos. «Para ser sincero, yo también estoy abrumado. Pensar que todo esto comenzó porque llamaste a la puerta equivocada y acabaste en la cama equivocada».
Ella soltó una risa suave y sincera. Apoyando la cabeza en su pecho, pensó en lo extraña y maravillosa que podía ser la vida, en cómo un error le había proporcionado una felicidad tan profunda.
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En los días siguientes, Cara permaneció confinada en su dormitorio de arriba, pero su espíritu inquieto no podía contenerse.
Cathryn contrató discretamente a alguien para que investigara los movimientos de Cara mientras estaba fuera de Brooks Manor. El informe llegó rápidamente: Cara se había estado quedando en su salón de belleza, Blush & Bloom.
Sin estar convencida, Cathryn decidió indagar más. Esa noche, accedió de forma remota a las imágenes de seguridad del salón. Las pantallas mostraban escenas normales: personal uniformado moviéndose, atendiendo a los clientes, nada que pareciera fuera de lo normal. Sin embargo, algo en la quietud de esas imágenes la inquietaba.
Esa misma noche, Cara yacía despierta en la oscuridad, murmurando maldiciones entre dientes: contra Cathryn, contra Amanda, contra las paredes que la mantenían cautiva. Afuera, el canto de un ruiseñor rompió el silencio.
Se levantó y corrió las cortinas. Un hombre en sombras se agachaba cerca de la esquina de la pared del patio. Golpeó tres veces la tubería junto a la ventana y observó cómo parpadeaba una luz abajo.
Unos instantes después, un sirviente entreabrió una ventana y se asomó. —Señora Brooks, ¿cuáles son sus órdenes?
—Necesito bajar —susurró Cara.
Al poco tiempo, se oyó un suave golpe en la puerta.
El sirviente estaba allí, con la mirada nerviosa. «Los guardias se han ido por ahora. Date prisa».
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