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Capítulo 514:
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Amanda hizo un gesto con la mano, con tono autoritario. «Traed cuatro guardaespaldas. Llevadla fuera, con cuidado. No le toquéis el vientre. No quiero que diga que hemos hecho daño a su hijo».
Cuatro guardias se adelantaron a la vez. Cada uno agarró a Jordyn por un brazo o una pierna y la levantó sin esfuerzo. La llevaron más allá de las mesas del banquete, más allá del mar de miradas curiosas, más allá del silencio atónito que la seguía como una sombra.
La escena era lamentable: Jordyn tenía el pelo revuelto, el rostro bañado en lágrimas y su embarazo al descubierto bajo las deslumbrantes lámparas de araña.
Ella se resistía, con sollozos que le salían de la garganta, pero era inútil. Se mordió el labio inferior hasta que le salió sangre, tragándose los gritos mientras la humillación la quemaba por dentro. Sin embargo, bajo esa humillación, el odio se enconaba, denso y ardiente. Cada gramo de sufrimiento que soportó esa noche, cada fragmento de desgracia clavado en su piel, se grabó en su corazón como un voto.
Cada susurro, cada lágrima… lo puso a los pies de Cathryn. En su interior, juró venganza. Algún día, Cathryn pagaría por ello.
Justo cuando los guardias desaparecían con Jordyn por las puertas, se produjo un repentino alboroto cerca de la entrada.
El pesado aire de escándalo volvió a cambiar cuando una voz ebria resonó: «Es el cumpleaños de Amanda, ¿no? ¿Por qué demonios Andrew no me invitó?».
Cathryn se quedó paralizada, con el corazón encogido al oírlo.
Andrew lo percibió de inmediato y deslizó su mano en la de ella, estabilizándola con un apretón tranquilizador.
Richard entró tambaleándose, apestando a alcohol, con la chaqueta medio desabrochada. Los guardaespaldas intentaron sujetarlo, pero él se zafó de ellos y se dirigió tambaleándose hacia la mesa principal con una sonrisa torcida. «Feliz cumpleaños, Amanda», balbuceó.
Amanda frunció el ceño con disgusto, pero se mordió la lengua. Por muy repulsivo que fuera, seguía siendo el padre de Cathryn. Mostrarle falta de respeto en público solo empeoraría el espectáculo.
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Richard se volvió hacia Andrew con una sonrisa falsa que rezumaba desesperación. —¡Andrew! Veros tan felices juntos a ti y a mi hija me alegra el corazón.
Amanda soltó una risa burlona. «Si no he oído mal, Jordyn ha dicho que la familia Moore ya ha cortado los lazos con Cathryn».
Richard se rió, sin ningún tipo de vergüenza. —Ah, eso solo fue un malentendido. Una pelea entre padre e hija. Cathryn es sangre de mi sangre; nunca la repudiaría de verdad. Si alguien se merece eso, es Jordyn.
Cathryn se tensó. Un dolor sordo se extendió bajo sus costillas, donde las viejas cicatrices habían sanado hacía mucho tiempo. Aunque el tiempo había borrado las marcas, los recuerdos de su crueldad aún la atormentaban cada vez que él aparecía. Nunca le había mostrado amabilidad, ni cuando era niña, ni cuando se lo suplicaba. Y ahora estaba allí, sonriendo y fingiendo afecto ante extraños, solo porque la familia Brooks la había aceptado y él quería disfrutar de su prestigio.
Amanda frunció la nariz con disgusto. Un oportunista.
Andrew apretó la mandíbula. Solo él sabía toda la verdad: que Richard no era en absoluto el padre biológico de Cathryn. Pero ese secreto nunca podía salir a la luz. Si lo hacía, las acusaciones de infidelidad recaerían sobre Bettina y mancharían a Cathryn junto con ella. Andrew nunca lo permitiría.
Richard se sirvió una copa con manos temblorosas y la levantó hacia los invitados. —Todos me conocéis. Son tiempos difíciles, pero con la ayuda de Andrew, ¡la familia Moore volverá a resurgir!
Los invitados intercambiaron miradas incómodas antes de levantar sus copas sin entusiasmo. Todos conocían la historia de Richard: cómo se había desmoronado la fortuna de los Moore, cómo había perdido en los casinos lo que le quedaba, persiguiendo ilusiones de riqueza. Sus deudas se habían acumulado, su dignidad había quedado enterrada hacía tiempo. Aun así, nadie podía faltarle al respeto abiertamente. Al fin y al cabo, era el padre de Cathryn y, por extensión, el suegro de Andrew.
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