Una vez la esposa tonta, ahora su eterna obsesión - Capítulo 38
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Capítulo 38:
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…la calló. «Tenemos ojos, ¿sabes? Nadie aquí ve lo que dices».
La chica del vestido blanco se mantuvo erguida, con la piel radiante bajo las luces, sin una sola marca a la vista.
Andrew se quitó la chaqueta del traje y se la colocó con delicadeza sobre los hombros de Cathryn, protegiéndola de las miradas curiosas. Luego dio un paso adelante, se acercó a Jordyn y levantó la mano.
Jordyn se estremeció, encogiéndose mientras se preparaba para recibir una bofetada.
Pero Andrew tenía otra cosa en mente.
La agarró por el cuello y tiró de él, rasgándole el escote.
Un grito ahogado de sorpresa recorrió la sala mientras todos miraban la cicatriz irregular que atravesaba el cuello y el hombro de Jordyn, dura y fea, ahora totalmente expuesta a la vista de todos.
Un murmullo recorrió la sala, y las miradas despectivas se agudizaron sobre Jordyn.
«Así que ella es la que tiene la cicatriz».
«Ahora todo tiene sentido: está celosa de la belleza de otra mujer. Está completamente loca».
«¿Quién sabe en qué tipo de problemas se metió para acabar con una cicatriz como esa?».
La compostura de Jordyn se hizo añicos. Se agarró al vestido, soltó un grito salvaje e intentó refugiarse en los brazos de Liam.
Pero Liam se echó hacia atrás, empujándola. Su rostro se tensó por la vergüenza y la decepción. No había tocado a Jordyn en semanas. Ella le había prometido que los remedios de Adrian harían que su cicatriz desapareciera pronto. Él la había creído ciegamente, solo para descubrir que le había mentido.
El arrepentimiento se agitaba en su interior. Nunca debería haberse divorciado de Cathryn.
La voz de Liam apenas se mantenía firme. —Cathryn… —la llamó, con el arrepentimiento grabado profundamente en sus ojos.
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Cathryn ni siquiera le miró. Deslizó su brazo alrededor de la cintura de Andrew, con una sonrisa tranquila y natural. «Salgamos y registremos nuestro matrimonio».
Andrew asintió y la abrazó mientras se dirigían juntos al ayuntamiento cercano.
Mientras el empleado preparaba los papeles, los pensamientos de Cathryn se aceleraron. Por fin iba a saber el nombre del hombre al que estaba a punto de llamar su marido. Ella y Andrew se quedaron uno al lado del otro mientras les pasaban los formularios por el mostrador.
Cathryn cogió el bolígrafo, con movimientos firmes y controlados, y una expresión serena, como si estuviera firmando un contrato comercial.
La última vez que había firmado los papeles del matrimonio, Liam había sido quien estaba a su lado. En aquel entonces, ella lucía una sonrisa llena de emoción y expectación, convencida de que estaba entrando en una vida de felicidad. En cambio, aquel día se abrió la puerta a la tragedia.
Ahora había otro hombre a su lado, y no se le escapó el cruel giro del destino. Ni siquiera sabía su nombre completo, pero allí estaban, a punto de unirse legalmente.
Andrew permanecía impasible como una piedra, con una expresión fija e inflexible.
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