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Capítulo 375:
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Andrew se quedó paralizado, atónito durante un instante. Luego, su tensión se disipó y la rodeó con sus brazos, profundizando el beso. Los guardaespaldas, viendo hacia dónde se dirigían las cosas, salieron silenciosamente de la habitación para darles privacidad.
Elaine los miró a los dos con total incredulidad, con la rabia hirviéndole por dentro mientras gritaba: «¡Basta! ¡Tienen que parar!».
Verlos besarse era una tortura. Había pasado años soñando en secreto con Andrew, deseando ser ella quien estuviera en sus brazos. Verlo perderse en el abrazo de otra mujer era más de lo que podía soportar. Los celos la consumían, retorciéndole dolorosamente el pecho.
La voz de Cathryn era un susurro suave y entrecortado. «Quiero más».
«Lo que tú quieras». Andrew no dudó. Su beso se intensificó, atrayéndola hacia él como si nada más existiera.
Su pasión era inconfundible, la conexión entre ellos cruda e innegable.
Cathryn sabía exactamente cómo llevarlo al límite. Entre respiraciones entrecortadas, sus suspiros silenciosos solo lo volvían más salvaje.
Sus manos se deslizaron bajo su ropa, sus labios exploraron su piel, su atención se centró por completo en ella.
Para cualquiera que los observara, era como si se hubieran olvidado de que Elaine estaba en la habitación.
Incapaz de soportarlo más, Elaine escondió su rostro entre sus brazos y gritó: «No puedo soportarlo… Por favor, déjame ir… Quiero irme…».
Cathryn apartó su cabeza, se arregló el vestido y miró a Elaine con fría indiferencia. «Vete de Olekgan y no vuelvas».
Las lágrimas de Elaine caían al suelo en silenciosos hilos. «Me iré… Lo prometo, me iré…». Lo único que quería era escapar, poner la mayor distancia posible entre ella y la pareja que acababa de destrozar sus sueños.
La puerta se abrió y los guardaespaldas regresaron.
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Cathryn dio la orden sin dudar. «Consíganle un billete y envíenla de vuelta a Marlington».
Elaine fue escoltada fuera, y sus protestas se desvanecieron en la distancia.
Andrew no apartó los ojos de Cathryn ni un solo instante, y su deseo por ella ardía cada vez con más fuerza. Se acercó a ella, apenas capaz de contener su impaciencia, y la empujó hacia el coche.
Junto al coche, Cathryn le puso una mano firme en el pecho, manteniéndolo a distancia. «Se está haciendo tarde. Quiero irme a casa».
Andrew le agarró la mano con fuerza. —Vuelve conmigo. Nuestra nueva casa nos está esperando.
Cathryn bajó la mirada, fijándose en la evidente prueba de su deseo. Liberó su mano de la de él, con tono frío. «Esta noche me voy a casa de Sophie».
Andrew la miró a la cara, pero lo único que vio fue una mirada tranquila, casi distante, sin rastro alguno del calor que había sentido antes. Apretó la mandíbula con frustración. —¿Así que todo lo que has hecho hasta ahora era solo para fastidiar a Elaine?
Cathryn se limitó a asentir con la cabeza, sin mostrar ningún remordimiento. —Así es.
Andrew respiró hondo, reprimiendo la irritación que amenazaba con desbordarse. Mientras él la deseaba, ella quería marcharse. No se lo permitiría.
—¿No vas a venir a nuestra casa esta noche? —Andrew entrecerró los ojos y miró fijamente a Cathryn.
Ella le devolvió la mirada, con una chispa de rebeldía iluminando sus rasgos. —Así es. No ir a casa significaba que estaba fuera de su alcance, libre de su control.
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