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Capítulo 340:
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Sophie agarró a Cathryn del brazo con un grito ahogado. «Menos mal que mi hermano te hizo caso y vendió sus acciones de Watson Tech a tiempo. Nos habríamos arruinado».
Cathryn no respondió. Su mirada estaba fija en la televisión, donde el rostro derrotado de Liam llenaba la pantalla. El odio ardía en sus ojos, tan intenso que parecía capaz de atravesar el cristal.
Después de casarse con la familia Watson, la habían engañado para que invirtiera sus ahorros en Watson Tech, todo en nombre de apoyar a la familia. En el momento en que su fortuna se agotó, Liam la dejó de lado sin dudarlo, descartándola como si fuera un fósforo usado.
Ahora, Watson Tech se había escapado de las manos de Liam y había sido vendida a nuevos propietarios. No era suya para reclamarla, pero ver cómo se la arrebataban a los Watson le parecía una justicia impartida con una sonrisa cruel.
Por eso, cuando vio a Vanessa introducir un virus en el programa, dudó, pero solo por un instante. Su decisión de entregar el programa a Andrew reveló su verdadero objetivo: un golpe para destruir tanto a los Watson como a su propia familia. Con el colapso de ambas familias, su venganza estaría completa.
Justo en ese momento, Bessie había llamado a Sophie llorando de gratitud, diciéndole que había recibido su salario y agradeciendo al Grupo Brooks por dar estabilidad a su familia. Si el Grupo Brooks cayera, ¿cuántas vidas como la de Bessie se desmoronarían?
Cathryn quería que sus enemigos quedaran destrozados sin posibilidad de recuperación, pero no podía sacrificar a inocentes. Por eso decidió entregar la versión final de su programa a Andrew. Con él, podría demandar a Jordyn y Liam y asestar el golpe decisivo.
Pero Andrew no era amigo suyo. Nunca actuaría contra los Watson y los Moore solo por su venganza personal.
En ese momento, Ethan entró en la oficina administrativa, con voz baja y firme. —Señorita Blake, el señor Brooks desea verla.
—¿A mí? —Sophie parpadeó, señalándose a sí misma con incredulidad.
Ethan inclinó la cabeza.
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Una chispa de emoción iluminó el rostro de Sophie mientras lanzaba una mirada a Cathryn. —¿Por qué querría verme?
Cathryn se inclinó hacia ella y le susurró: «Se rumorea que Vanessa ha sido expulsada de la oficina. Quizás tu oportunidad con él acaba de llegar».
—Oh, déjalo ya —Sophie le dio un empujón juguetón a Cathryn, aunque sus mejillas se sonrojaron. Su corazón latía con fuerza, delatando su secreta emoción.
Sophie siguió a Ethan escaleras arriba.
Pronto, la oficina del director general se desplegó ante ella como algo salido de un sueño: amplia, iluminada por el sol, con cada detalle pulido a la perfección.
Detrás del imponente escritorio estaba sentado Andrew, con las mangas remangadas hasta los codos y los antebrazos tensos y musculosos. Las venas azules trazaban surcos como ríos que atravesaban la piedra. Irradiaba poder, crudo, masculino, imposible de ignorar.
Cuando Andrew levantó la cabeza, sus ojos clavaron a Sophie en el sitio.
A Sophie se le cortó la respiración. El calor le subió a las mejillas y bajó la mirada, nerviosa. Esa mirada suya, penetrante, inflexible… ¿Realmente la encontraba atractiva? Se tocó la mejilla con los dedos, incrédula. ¿Podía ser realmente tan guapa como para merecer esa mirada?
—¿Qué más estudiaste en la universidad, además de administración de empresas?
Su repentina pregunta la sobresaltó.
—Eh… ¿qué? —Parpadeó, completamente desprevenida.
Andrew se levantó ligeramente, apoyando las manos en el escritorio como si la estuviera sopesando con la mirada.
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