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Capítulo 334:
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Cathryn entrecerró los ojos. En cuestión de segundos, identificó el código malicioso. Si ese virus se ejecutaba, los servidores colapsarían. Toda la infraestructura de datos del Grupo Brooks —años de proyectos, información de clientes y secretos comerciales— se desintegraría. Las consecuencias serían catastróficas.
Una mirada más cercana confirmó lo peor: el virus era irreversible una vez activado. Pero para Cathryn, neutralizarlo sería un juego de niños. Unas pocas pulsaciones hábiles y desaparecería sin dejar rastro. La verdadera pregunta era… ¿debería hacerlo?
El código provenía de Jordyn. Si el virus hacía su trabajo, Jordyn asumiría toda la culpa. Y la destrucción de los servidores de Brooks Group no solo era un desastre corporativo, sino un delito que podía acabar en una pena de prisión.
Un destello de acero brilló en los ojos de Cathryn mientras retiraba la mano.
Al otro lado de la ciudad, en un apartamento alquilado y tenuemente iluminado, Zoe se sentó en el borde del sofá, con voz baja pero cargada de emoción. —Vanessa lo ha conseguido.
Jordyn parpadeó, desconcertada. «¿Qué ha conseguido?».
Richard, apoyado en el marco de la ventana, exhaló lentamente antes de responder. «Ese código que escribiste… Le pedimos a Vanessa que le introdujera un virus. Como sabíamos que te enfadarías, no dijimos nada».
Las palabras golpearon a Jordyn como una bofetada. Se puso de pie de un salto. «¿Estáis locos? ¿Ya no queréis trabajar con Brooks Group?».
Zoe permaneció tranquila, con la mirada fija en Jordyn. «Seguiremos trabajando con Brooks Group. Pero ahora nuestra lealtad es hacia Cara, no hacia Andrew».
Jordyn frunció el ceño, con una mezcla de confusión e incredulidad en el rostro. «¿Te has aliado con Cara para destruir a Andrew?».
Los labios de Zoe se curvaron en una sonrisa fría y decidida. «Exactamente».
Jordyn negó con la cabeza. «Andrew es el más fuerte. Tiene más poder, más influencia. ¿Por qué arriesgarse con Cara?».
La mirada de Richard la atravesó, y su voz se redujo a un murmullo grave. «Porque Andrew… es Damien».
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—Andrew… —susurró Jordyn, con la voz temblorosa al asimilar la revelación. Abrió los ojos con incredulidad—. ¿Es el marido de Cathryn?
La respuesta de Zoe fue fría e inflexible. —El marido de Cathryn es Andrew. Y no hay universo en el que él vaya a trabajar con nosotros.
Jordyn se dejó caer en el borde de la cama como si las piernas le hubieran fallado. «No, eso no puede ser… ¿No se suponía que Andrew estaba desfigurado? ¿Lisiado?».
Zoe negó lentamente con la cabeza, con una sonrisa amarga en los labios. «Todo es una farsa. Lo montó todo para despistar a Cara».
El recuerdo de los rasgos llamativos de Andrew y su poderosa complexión golpeó a Jordyn como un puñetazo. La envidia rugió en sus venas, ardiente y frenética. Cathryn se había casado con Andrew. Cathryn, esa mujer divorciada, se había casado con el hombre más rico de Olekgan.
A los ojos de Jordyn, Andrew era todo lo que Liam nunca había sido: rico más allá de lo imaginable, imponente, peligrosamente guapo, con un físico de alguien nacido para mandar. ¿Cómo era posible que Cathryn, precisamente ella, hubiera acabado con un hombre como él?
Jordyn se clavó las uñas en las palmas de las manos hasta dejar marcas en forma de media luna. Pero la envidia pronto se convirtió en miedo. No era el momento de dejarse llevar por el resentimiento.
«En el momento en que se ejecute el programa infectado con el virus», dijo Zoe con tono seco y despiadado, «los servidores centrales de Brooks Group colapsarán. Andrew no tendrá más remedio que dimitir en desgracia. Un fallo catastrófico como ese lo arruinará».
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