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Capítulo 329:
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«¡Sr. Brooks!», Ethan no daba crédito. «Eso sería catastrófico. El daño…».
Andrew lo interrumpió, tranquilo pero resuelto. «¿Ha olvidado el acuerdo que firmé con Liam y Jordyn?». Era la única forma de exponer las vulnerabilidades y recuperar la propiedad de Watson Tech y Moore Trading.
Ethan protestó, con la voz tensa por la preocupación. «¡Sacrificar Brooks Group por esas dos empresas es una locura!».
El tono de Andrew no vaciló. «Moore Trading se construyó con la fortuna de la madre de Cathryn. El ascenso meteórico de Watson Tech se financió con dinero procedente de su matrimonio. Ambas pertenecen por derecho a Cathryn. Se las devolveré».
La voz de Ethan temblaba de preocupación. «Pero el coste no vale la pena».
«Haz una copia de seguridad de todos los datos de antemano», indicó Andrew.
«El riesgo es inmenso», replicó Ethan. «Incluso con copias de seguridad, los datos del grupo son enormes y complejos. Si algo sale mal y pierdes tu puesto como director ejecutivo…».
Andrew lo interrumpió con voz grave y firme. «Ethan, ¿sabes cuál es el activo más valioso del Grupo Brooks?».
Se hizo el silencio al otro lado de la línea. Ethan no supo qué responder.
«No son los datos. No es el código». La mirada de Andrew se endureció como el acero.
«Entonces, ¿qué?», preguntó Ethan en voz baja.
«Soy yo», afirmó Andrew.
Los recuerdos afloraron, afilados como cristales rotos. Cuando tenía quince años, Cara había convencido a Jorge para que lo enviara al extranjero. A los diecisiete, con Jorge postrado en una cama de hospital tras un terrible accidente, Andrew se había visto empujado al puesto de director ejecutivo.
Las tramas de Cara lo habían rodeado desde entonces, cada intento destinado a borrarlo. Pero había sobrevivido. Había sacado a bolsa Brooks Group y lo había llevado a la cima de Olekgan, había capeado tormentas que habrían destruido a hombres menos fuertes.
Antes pensaba que Brooks Group lo era todo. Hasta que apareció Cathryn. Ahora, lo único que le importaba era devolverle lo que le habían robado: el legado de su madre, la residencia Moore, Watson Tech, Moore Trading.
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«Mientras yo viva, Brooks Group vivirá», juró Andrew.
Permaneció despierto hasta el amanecer, con sus pensamientos vagando hacia Cathryn. ¿Dónde había ido? La respuesta le llegó: a la casa que había comprado para ella. La escritura estaba sellada en un sobre, esperando sus manos. Una casa en el corazón de la ciudad, luminosa y espaciosa, perfectamente adecuada para ella.
Esa idea le reconfortaba. Saber que ella tenía un lugar seguro, un lugar digno, le permitía respirar más tranquilo.
Andrew había metido algo más que palabras en ese sobre. Si Cathryn lo abría, descubriría también la escritura de la residencia Moore: la había recuperado discretamente para ella, otro acto silencioso de restitución.
A la mañana siguiente, Andrew se levantó temprano, con movimientos rápidos pero inquietos, y abrió la transmisión de vigilancia en su teléfono. Había conectado las cámaras del departamento administrativo a su dispositivo para acceder rápidamente, pero hoy su atención se centró en una sola cosa: el asiento de Cathryn. Estaba vacío.
Llamó a Ethan sin levantar la vista de la pantalla. —¿Cathryn no ha ido a trabajar hoy?
—No se encuentra bien —respondió Ethan, con voz cautelosa—. Sophie ha solicitado una baja en su nombre, tiene fiebre.
Andrew sintió un peso agudo en el pecho. Las imágenes de la noche anterior volvieron a su mente: Cathryn de pie durante horas fuera del hospital, en el aire húmedo de la noche, con el pelo pegado a las sienes cuando finalmente subió las escaleras. Ese frágil cuerpo siempre había tenido más espíritu que fuerza, ¿cómo podía soportar el malestar?
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