Una vez la esposa tonta, ahora su eterna obsesión - Capítulo 202
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Capítulo 202:
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Un destello agudo brilló en los ojos de Andrew. «Cathryn no sabe lo que realmente pasó, ¿verdad? ¿También cree que fue violada?».
Margaret asintió levemente con la cabeza.
«Los rumores que circulan abajo son repugnantes, y luego ella misma vio el vídeo…».
Andrew apretó los puños de nuevo, con una expresión tormentosa en el rostro. No era de extrañar que Cathryn hubiera soltado de repente esa locura de volver a casarse con Liam. Liam, que tenía las manos manchadas con la sangre de su madre… ¿Cómo era posible que ella quisiera volver con él?
Y su rechazo instintivo al contacto físico con él finalmente cobraba sentido. Cathryn debía de haberse convencido a sí misma de que esos cinco hombres la habían violado. Esa creencia era la razón por la que había pedido el divorcio.
La revelación golpeó a Andrew como un puñetazo en el estómago. Amaba a Cathryn más que a nada en el mundo, pero ella se veía a sí misma como una mujer mancillada. Ese pensamiento lo destrozó.
Andrew se dio la vuelta y abrió la puerta de un golpe con fuerza repentina.
Cathryn permaneció inmóvil, con el cuerpo encogido lejos de la puerta. No se había movido en absoluto, silenciosa, quieta. Había llorado durante horas hasta quedar exhausta, y ahora solo unas lágrimas silenciosas le recorrían las mejillas.
El ruido la hizo sobresaltarse. Se giró cuando una sombra cayó sobre ella y unos fuertes brazos la rodearon, apretándola contra un pecho sólido. Un aroma familiar la invadió, uno que podía reconocer incluso mientras dormía.
Damien había regresado.
Antes de que pudiera apartarlo, sus labios se estrellaron contra los de ella, feroces e imparables. El beso se tragó sus palabras y le robó el aire de los pulmones, dejándola mareada y sin aliento.
—Mmh… —Los puños de Cathryn golpearon débilmente su pecho.
Sin dudarlo, Andrew le agarró las muñecas y las inmovilizó, profundizando el beso.
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Se formó un surco entre las cejas de Cathryn. Entonces, sin previo aviso, hundió los dientes en su labio inferior, mordiendo con tanta fuerza que le hizo sangre.
El sabor metálico se extendió entre ellos.
Ella se liberó, jadeando. «Es sucio».
Andrew agarró la barbilla de Cathryn, obligándola a mirarlo.
Sus ojos ardían. «¿A quién llamas sucio?».
Ella bajó la mirada y su voz tembló al borde del silencio. —A mí.
Su respuesta le golpeó con fuerza, y el dolor le invadió el pecho. La miró fijamente, con voz baja y firme, como si pudiera inculcarle la verdad en lo más profundo de su alma.
«Cathryn, tú no eres sucia».
Le picaba la nariz mientras las lágrimas caían más rápido por sus mejillas. Quería confiar en él. Quería creer que nadie más la había tocado. Pero la duda seguía aferrada a ella, arañándola con tanta fuerza que no podía sacudírselo de encima.
Andrew le levantó la barbilla de nuevo, negándose a dejar que se escondiera. «Escúchame, Cathryn. Pase lo que pase, nunca te dejaré marchar».
Cathryn negó con la cabeza, llorando sin control.
Andrew la volvió a atraer hacia él y le acarició el pelo con la mano. —No ha pasado nada —dijo con firmeza—. No te han tocado.
Una oleada de conmoción se reflejó en el rostro de Cathryn, pero rápidamente la luz se apagó en su mirada. Damien debía de estar mintiendo, tratando de consolarla.
Las lágrimas corrían por las mejillas de Cathryn mientras su voz se quebrantaba. —Ya sé lo que pasó. Lo vi todo en la cámara de seguridad…
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