Una vez la esposa tonta, ahora su eterna obsesión - Capítulo 180
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Capítulo 180:
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Los ojos de Andrew se agudizaron, llenos de sospecha.
—Trabajé con Ethan y Mark Spencer en el extranjero —añadió Karl rápidamente—. Los hallazgos son creíbles.
La mención de Ethan disipó las dudas de Andrew. Asintió brevemente con la cabeza. «Muy bien. Lo confirmaré yo mismo con Ethan».
Karl inclinó profundamente la cabeza. «Cuídate. Pase lo que pase, mi vida está a tu disposición».
Karl se marchó sin decir nada más y el pasillo volvió a quedar en silencio.
Gavin bajó la mirada, en silencio.
Andrew observó a Gavin de reojo. —Eres demasiado bondadoso. Sigues protegiéndolo, incluso después de todo lo que te ha hecho. Te lleva la mitad de años.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Gavin. —Me recuerda a mi propio hijo. A esa edad, con el poder al alcance de la mano, la arrogancia y la imprudencia son inevitables. Unos años más de disciplina lo convertirán en acero.
La voz de Andrew se oscureció. —¿Cuándo te diste cuenta de que mi esposa no era un peón de Cara? ¿Cuándo supiste que arriesgó su vida para salvar…?
—No lo sabía —respondió Gavin con sencillez.
Andrew entrecerró los ojos. —¿Nunca te lo confió?
«Nunca», dijo Gavin, negando con la cabeza.
—Entonces, ¿por qué la defiendes y suplicas por ella una y otra vez? —preguntó Andrew, con cada palabra como una puñalada.
La sonrisa de Gavin se mantuvo, tranquila, segura. —Porque confiaba en la señora Brooks. Tiene buen corazón. Nunca se aliaría con Cara. Nunca te traicionaría.
Andrew apretó los puños a los lados. La amarga verdad lo golpeó: su mayordomo había depositado más confianza en Cathryn que él, su propio marido. El odio hacia sí mismo lo consumió.
Y así permaneció Andrew, anclado a la puerta de la UCI, ajeno al cansancio. Su vigilia era inquebrantable.
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Horas más tarde, cuando Cathryn finalmente se despertó, fue en el lujoso silencio de una habitación privada. Sentía el cuerpo pesado y la cabeza nublada por el peso del tiempo perdido. Parpadeó en la quietud. La habitación del hospital era luminosa, cómoda, pero estaba vacía.
Tenía la garganta ardiendo de sed. Aun así, cuando se incorporó con esfuerzo y se apoyó en la pared, encontró algo más que agua esperándola en la puerta.
El ascensor sonó y Damien salió.
El corazón de Cathryn dio un salto. Damien estaba despierto. El antídoto de Adrian había funcionado. Las noches desesperadas y sin dormir, el viaje temerario… no habían sido en vano.
Pero entonces, como una sombra que oscurecía la luz, el recuerdo regresó: el accidente de coche, el acantilado, la forma en que su vida había pendido de un hilo por su culpa. La vergüenza le oprimía el pecho y la alegría de sus ojos se apagó.
—Cathryn.
La voz de Andrew, baja y firme, la detuvo en seco. Su cuerpo se paralizó, el sonido la clavó en el sitio.
Andrew acortó la distancia y levantó la mano para apartarle un mechón de pelo de la cara. Su tacto era suave, su tono aún más. —¿Te sigue doliendo alguna parte?
Ella se estremeció ante el calor de sus dedos, retrocediendo como si su ternura la quemara. Bajó la mirada al suelo y su voz se convirtió en un débil murmullo. —Cara se enteró de tu horario por mí. El accidente de coche… todo sucedió por mi culpa.
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