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Capítulo 56:
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«¿Nos acompañas, Daniel?», le preguntó Marcus volviéndose hacia él.
«No, lo siento, pero tengo que irme. Tengo una reunión».
En las gradas superiores, oscurecidas por la falta de iluminación, Reed observaba lo que sucedía abajo. Tenía una sonrisa en los labios, satisfecho y extasiado por todo lo que le esperaba. La dama era la joya de la corona. Se aseguraría de hacerla brillar, a pesar del marido impasible que tenía. Quizás así podría descubrir por fin qué era esa sensación que no podía quitarse de encima cada vez que la miraba.
—¿Qué te parece todo hasta ahora? —preguntó Marcus.
—El teatro es precioso.
—Eso está bien… ¿Qué te parece si hacemos una pequeña audición? ¿Te apetece?
—¡Por supuesto! Me encantaría… —respondió ella con entusiasmo.
—Ya que has mencionado Tosca, ¿qué te parece si cantas Vissi d’arte?
—Por supuesto.
—Entonces voy a hablar con el equipo de sonido.
Marcus bajó del escenario y miró hacia arriba, hacia donde permanecía oculta Reed. Se sumió aún más en la oscuridad: por fin la escucharía en directo y en persona.
Ella comenzó a cantar y, ¡Dios mío! La emoción era auténtica. Podía sentir la angustia y la tristeza de la pieza en su voz. Se le puso la piel de gallina durante los cuatro minutos que cantó. ¡Sabía que tenía razón! No solo tenía talento, sino que también era un alma vieja. Se retorció un poco en su asiento y se recostó, más que satisfecho.
Marcus estaba a su lado, igual de cautivado. ¿Cómo no había conocido antes a esta mujer? Volvió a mirar hacia arriba y sonrió.
—Ha estado maravillosa, señora Crusher.
—¿De verdad? Muchas gracias… Por favor, llámeme Deanna, profesor.
—Deanna, permítame darle la bienvenida oficial a Ambassador. ¡Le auguro una carrera brillante! ¡Increíble!
Salió del teatro completamente deslumbrada. No solo la habían recibido bien, sino que el profesor Marcus la había elogiado enormemente. Sin pensarlo, corrió a la empresa para buscar a Daniel y darle la buena noticia.
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Cruzó la puerta de entrada justo cuando él bajaba del ascensor, acompañado por Harry, Beverly y su secretaria. Su reunión acababa de terminar y el ambiente era sombrío. La vio entrar con el rostro iluminado y una enorme sonrisa.
—¿Deanna?
—¡Daniel! —Le saludó con la mano y corrió hacia él.
Daniel fue a su encuentro con la misma urgencia. Al ver la expresión de su rostro, todo lo que habían discutido en la reunión momentos antes se disipó. Ella cobró impulso y, sin darse cuenta, saltó a sus brazos, rodeándole el cuello con los brazos y la cintura con las piernas. Daniel la abrazó cuando sintió el impacto. Ella parecía tan feliz que él no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.
—Supongo que te ha ido bien en el teatro.
—Muy bien… ¡Gracias! —Y le dio un beso en la mejilla.
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