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Capítulo 136:
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Ethan se levantó.
«Subamos», les dijo a sus hermanos.
—Espera, Ethan…
—¿Qué más nos vas a decir, papá?
Daniel no respondió; no tenía nada que decirles y tampoco encontraba la manera de hacerlo. Era muy consciente de que, para todos, él era el monstruo de esta historia.
Pero no era el único. El vídeo se había grabado desde el interior de su despacho. Las cámaras situadas allí y en la sala de juntas donde se reunían los accionistas estaban restringidas. Solo grababan; no se proyectaban en ningún monitor de seguridad. Charles las había instalado hacía varios años, cuando se había producido una filtración de información.
Beverly había enviado el vídeo a Deanna como forma de venganza o quizá para provocar la ruptura entre ellos. Ella era la única que salía ganando con todo esto. Daniel nunca se había dado cuenta de que era tan atrevida y maliciosa; siempre había…
Siempre la había considerado una mujer fuerte e independiente. Nunca imaginó que sería capaz de rebajarse tanto por un hombre.
A la mañana siguiente, tendría que dar explicaciones.
—Fuera todos —dijo con dureza al entrar en la oficina legal.
Las pocas personas que había dentro se miraron entre sí y Beverly se acomodó en su silla.
—Fuera todos —repitió.
Cuando todos salieron excepto ella, se sentó en la silla de enfrente, mirándola directamente.
—Nunca imaginé que pudieras ser tan astuta.
—¿De qué estás hablando? —preguntó ella con voz firme.
—No te atrevas a hacerte la tonta conmigo, Beverly.
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—¿Tonta? No sé de qué estás hablando, Daniel. Su tono seguía siendo normal. Tenía que mantenerlo así.
—No ganarás nada. Espero que lo sepas.
—Daniel… De verdad, no entiendo de qué estás hablando. ¿Qué está pasando?
Él la miró, escrutándola. Si estaba fingiendo, lo estaba haciendo muy bien.
—Le enviaste el vídeo.
—¿Vídeo? ¿Qué vídeo?
—El vídeo de la cámara de mi oficina.
Beverly lo miró con una expresión de desconcierto que le hizo dudar.
—Mira, de verdad que no entiendo nada de lo que estás diciendo. ¿De qué vídeo estás hablando?
—Anoche se lo enviaste a Deanna… Desde aquel día en que casi… —Los ojos de Beverly se abrieron como platos.
—¡Dios mío! Daniel, no sabía que había una cámara en tu oficina… Y mucho menos que yo sería capaz de enseñárselo a tu mujer… ¡Dios mío!
—Quiero que dejes la empresa.
—Daniel, no fui yo. Ni siquiera sabía que tenías seguridad en tu oficina.
—¿Quién más haría algo así, Beverly? Pero para tu satisfacción, has conseguido tu objetivo: se ha ido.
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