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Capítulo 117:
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Oírla hablar con tanto entusiasmo siempre le producía una extraña alegría. Era tan apasionada por su carrera como lo era por la vida.
Todo en ella desprendía una energía tan llena de vida que Daniel quería alimentarse de ella para siempre.
De repente, y sin motivo aparente, la abrazó con fuerza, pillándola desprevenida.
Cuando hacía pequeñas cosas como llevarle pizza a la cama o trasladar sus productos al cuarto de baño para hacerle sitio a su ropa y sus zapatos, se le derretía el corazón. Quizás ver a un hombre tan imponente como él tener ese tipo de consideraciones lo hacía parecer más… accesible.
Deanna sabía que él luchaba por lidiar con sus celos e inseguridades, otra señal de que era más humano de lo que su exterior dejaba entrever. El hombre que imponía su voluntad con pocas y secas palabras se derrumbaba en sus brazos entre besos y caricias. Aquel cuya mirada rígida y opaca podía derribar a cualquiera que lo desafiara también podía mirarla con ojos febriles y brillantes en sus momentos más apasionados.
Lo que comenzó como una farsa se había convertido poco a poco en una verdad. Una revelación para Daniel, que había creído que su vida comenzaba con sus hijos y terminaba con la empresa. Una nueva dirección y un camino hacia el futuro para Deanna, que, como siempre, se dejó llevar por lo que sentía.
Esperaron un mes para el bautizo de Emma, y ese mismo mes fue el tiempo que Deanna se negó a ver ni hablar con Harry. Pero las excusas se habían agotado porque Daniel iba a ser el padrino.
No pudo evitarlo: cuando lo volvió a ver en la puerta de la iglesia, llegando con su hermano y sus sobrinos, como una familia perfecta, sintió ese dolor familiar en el pecho. Pero todos esos sentimientos tenían que desaparecer tarde o temprano; ella había decidido que así sería.
Era la primera vez que Deanna veía a la niña en persona, solo había visto fotos. Laura insistió en que la cogiera en brazos, aunque era obvio que Deanna había levantado un muro a su alrededor para protegerse de más dolor. Pero el pequeño bultito rosado le dibujó una suave sonrisa en el rostro y, por unos instantes, se olvidó de todo lo demás. Los dos hombres la observaban acunando a la niña y pensaban lo mismo: para Harry, solo era una fantasía, pero para Daniel, podía convertirse en realidad.
El padrino ofreció su casa para la recepción, con estudiantes universitarios encargados de la música, aunque esta vez Deanna se guardó para sí su actuación estelar. El verdadero drama de aquella tarde se desarrollaría en la antigua casa de invitados.
La banda de la universidad necesitaba un par de guitarras para una canción que estaban decididos a tocar, y casualmente había algunas acumulando polvo en la sala de música, así que fueron a buscarlas. Esto le dio a Harry la oportunidad de enfrentarse por fin a lo inevitable.
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Apareció en la puerta con expresión de cachorro perdido. Deanna se hizo a un lado para dejarlo entrar y cerró la puerta en silencio detrás de él.
—Lo siento mucho, Deanna —dijo en voz baja.
—¿Qué parte? —preguntó ella fríamente.
—¿Qué parte?
—¿Qué es lo que más lamentas? ¿Mentirme? ¿Entrometerte en mi vida? ¿O manipularme cuando te convenía?
—Todo…
«Me has utilizado, Harry. Yo confiaba en ti y tú me has utilizado. Me hiciste creer que te estaba ayudando cuando solo te importabas tú. No era tu última oportunidad con Laura; no estabas tan desesperado. Te has entrometido en mi relación con Frank…».
«Ese tipo es un imbécil», la interrumpió él.
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