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Capítulo 836:
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Esa compostura imperturbable la desconcertaba más de lo que jamás podría hacerlo la ira. «Entonces, ¿por qué sigues aquí?». Su voz se quebró al final, casi un susurro.
Por fin se levantó de la cama. Sin prisas, se agachó para recoger la ropa esparcida por el suelo y se fue vistiendo una prenda tras otra. Se movía con un aire tranquilo y arrogante, tomándose su tiempo como si estuviera en su propio dormitorio en lugar de en el de ella.
Mientras se abrochaba los botones de la camisa, ella divisó una cicatriz larga y irregular bajo sus costillas. Antes no estaba allí. Se le cortó la respiración. Cualquier comentario sarcástico que hubiera planeado se desvaneció antes de llegar a su lengua.
Una vez vestido, Waylon se quedó junto a la cama. Su mirada se posó en ella como si quisiera memorizar cada detalle antes de alejarse.
—Me voy. —Esas fueron las únicas palabras que logró articular al final.
Ella mantuvo la mirada fija en la pared, rígida como una piedra, y respondió con un sonido grave que apenas podía considerarse una respuesta.
La puerta se cerró con un chasquido tras él, dejando el piso en un silencio doloroso.
No se intercambiaron preguntas. Ella no le preguntó por qué había aparecido la noche anterior, ni qué le había empujado a tomar el control de la forma en que lo había hecho.
Él no le preguntó por qué le había dejado entrar, por qué no le había detenido, ni por qué había respondido a su intensidad sin vacilar.
Algunas verdades era mejor dejarlas sin tocar. Nombrarlas solo pondría de manifiesto lo vulnerables que estaban ambos.
Se quedó sentada, paralizada, durante lo que le pareció una eternidad. Cuando estuvo segura de que se había ido, su cuerpo finalmente se rindió. Se dejó caer sobre el colchón, agotada y vacía.
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Fuera del edificio, Waylon aún no se había marchado.
Al volante de su elegante sedán negro, se quedó mirando la ventana iluminada de su piso. Se pasó el pulgar por el corte que tenía en el labio inferior. La marca era un recordatorio de lo feroz que había sido ella la noche anterior, prueba de que su encuentro había sido todo menos suave.
Probablemente ella volvería a despreciarlo una vez que se le pasara la ira. Sus decisiones precipitadas, la forma en que se había colado en su vida sin previo aviso, el caos que arrastraba consigo…
Lo de anoche no tuvo nada que ver con la nostalgia. Había actuado por celos. Enterarse de que había cenado con Nolan había activado algo en su interior.
La gente decía que el tiempo curaba todas las heridas, pero para él era un castigo.
Su dolor no se desvanecía. Se volvía más agudo, más venenoso, como una herida que se negaba a formar costra. No quería imaginarse otros cinco años de ese dolor… ni el daño que pudiera causar. A él, o peor aún, a ella.
No podía soportar la idea de que hubiera otro hombre a su lado.
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