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Capítulo 79:
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Roger se burló con una sonrisa de satisfacción. «Por aquel entonces, tenía a la mujer que Waylon tanto aprecia ahora comiendo de mi mano. Puede que hoy te veas muy altivo y arrogante, pero no lo olvides: hubo un tiempo en el que hacías todo lo que yo te decía. Sin dudar. Sin rebelarte».
Alexia no respondió de inmediato. Una leve y amarga sonrisa se dibujó en sus labios, una que no albergaba calidez alguna. Ni siquiera ella estaba segura de si iba dirigida a sí misma o a él. Entonces, sin una sola palabra de advertencia, dio un paso adelante y le dio una fuerte bofetada.
El sonido seco de la bofetada resonó por todo el salón. Roger giró la cabeza con el golpe y, por un instante, pareció atónito, como si intentara asimilar lo que acababa de ocurrir.
«Eso ha sido por la chica que solía ser», dijo Alexia con voz firme y gélida. «La tonta que pensaba que aquel chico era su héroe solo porque una vez la defendió».
No lo había olvidado. Cuando Roger regresó por primera vez a la familia Gibson, hubo un momento en el que intervino para protegerla, enfrentándose a un grupo de chicos y saliendo de allí magullada y ensangrentada. Ese momento, junto con la calidez de Eleanor y sus sabios consejos de abuela, había dejado una profunda huella en su corazón.
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Aunque Roger se volvió más frío y distante después, ella se aferró a ese recuerdo inicial, convencida de que, en el fondo, era alguien a quien valía la pena conservar. Una y otra vez, intentó acercarse a él, haciendo todo lo posible para evitar que se sintiera solo o marginado.
Roger aún se estaba recuperando cuando le llegó la segunda bofetada, esta aún más fuerte, más hiriente.
«Y esa es para la mujer que aguantó tu supuesto matrimonio. Nunca fuiste un verdadero marido, nunca intentaste mantener unida nuestra familia. No me mostraste ni una pizca de respeto. Si Marilee lo era todo para ti, ¿por qué no luchaste por ella? En lugar de eso, te casaste conmigo, me traicionaste y te hiciste el pobre hombre con el corazón roto. ¿A quién intentabas engañar: a mí o a ti mismo?»
Cada palabra que ella pronunciaba iba minando la falsa dignidad que Roger se esforzaba tanto por mantener, dejando al descubierto su hipocresía.
Como era de esperar, su rostro se contorsionó de ira. Apretó la mandíbula y cerró las manos en puños, con ganas de devolverle la bofetada. Pero Alexia no le dio la oportunidad. Antes incluso de que pudiera reaccionar, le asestó la tercera bofetada: contundente, rápida y despiadada.
«Esta última es por la mujer en la que me he convertido: por haber visto por fin cómo eres realmente y por tratarte como te mereces. ¿Hablas de que me voy sin nada? Roger…»
«Tú eres el verdadero perdedor aquí: solo un cobarde que intenta hacerse la víctima».
Esas tres bofetadas no fueron solo físicas, sino que destrozaron su orgullo; cada una de ellas fue un corte limpio directo a su ego.
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