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Capítulo 676:
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Cada palabra que salía de la boca de Waylon no hacía más que avivar los forcejeos de Travis. Al poco rato, los guardias de seguridad le colocaron una mordaza en la boca, reduciendo toda esa furia a sonidos guturales y ahogados.
Bajando la mirada, Waylon observó a Travis retorciéndose en la camilla, con el rostro indescifrable. Solo el desprecio se reflejaba en aquellos ojos gélidos.
Despachó la escena con un movimiento de muñeca. «Quítalo de mi vista».
Unos instantes después, las pesadas puertas se tragaron a Travis, sin dejar rastro.
Nadie más se atrevía a respirar demasiado fuerte. La mirada de Waylon recorrió la sala; luego se giró y posó una mano firme sobre la espalda de Alexia. Su voz se suavizó. «Ya se ha acabado. Nos hemos librado de esa molestia».
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Acercándola más a él, actuó como si todo aquel calvario fuera tan trivial como tirar basura inservible.
Alexia no le quitaba los ojos de encima. «¿Ni siquiera quieres saber por qué gritaba?».
«Si quieres contármelo, te escucharé», dijo Waylon, captando su estado de ánimo como si pudiera leerle la mente. «Si no, no te presionaré».
Un estremecimiento sacudió a Alexia, haciéndole arder los ojos. «¿Qué te hizo estar tan seguro de que era inestable?».
«Porque, aunque no lo fuera, lo trataría como si lo fuera», respondió Waylon con frialdad. No iba a malgastar palabras con alguien como Travis.
«Fue la decisión correcta», susurró Alexia, invadida por una sensación de alivio. «Esto es mucho mejor que matarlo. Se merece pudrirse en esa institución».
Ahora que Travis se había ido, un silencio tenso se apoderó de la reunión. Ni una sola persona se atrevió a desafiar la autoridad de Waylon.
Cuando el verdadero poder llena la sala, los celos y los chismes mezquinos se desvanecen hasta desaparecer. Con Travis sacado de allí, el caos terminó tan rápido como había comenzado: limpio, absoluto, sin dejar lugar a discusión.
A nadie le importaba ya si Travis estaba realmente loco. Waylon había hablado, y eso era todo.
Por otra parte, Ryan llamó a su secretaria y le exigió saber cómo había conseguido Travis entrar.
«Esta noche representaba al Grupo Blackcurrant, así que se le consideraba importante. Ahora que el señor Mason se ha encargado del asunto, supongo que habrá problemas por parte de Blackcurrant», explicó la secretaria.
Ryan se lo tomó con calma y negó con la cabeza. «Se ha buscado este lío él mismo al ir a por Alexia. De entre todas las personas con las que cruzarse, eligió a la mujer de Waylon. En cuanto a Blackcurrant, no conseguirán nada intentando crear problemas con él».
Serena encontró a Ryan justo después de que este saliera del escenario, con el ceño fruncido por la preocupación. «¿Acabo de oír gritos entre Alexia y otra persona?»
Ryan le tomó la mano y le dijo con delicadeza: «Hubo algún problema antes, pero Waylon ya se ha encargado de ello. No tienes por qué darle más vueltas».
«¿Quién sería tan tonto como para sembrar el caos en un evento como este? Es una bofetada a Cosmo Biotech», continuó Serena, aún indignada. Para una noche que se había organizado con tanto esmero, no podía soportar la idea de que alguien empañara su importancia.
«Fue Travis Jenkins», explicó Ryan con calma.
«¿Otro de la familia Jenkins? Esa familia está arruinada. ¿Y después de abrirse camino a duras penas para volver a ser relevante, aún tuvo el descaro de montar una rabieta delante de Alexia y Waylon?». Serena negó con la cabeza, sin ocultar su incredulidad. «¿Es que estaba buscando problemas?»
Ryan se rió entre dientes, de acuerdo con su franqueza. «Exacto. No está en sus cabales, por eso Waylon lo mandó a un hospital psiquiátrico. Probablemente no vuelva a salir».
«Bueno, eso es justo lo que se merece», dijo Serena, sin rastro alguno de compasión.
Ryan la observó enfadarse y se inclinó hacia ella con una sonrisa amable. «Oye, no dejes que eso te arruine el humor. La rueda de prensa ha salido a la perfección. Deberíamos hacer algo para celebrarlo».
Ella lo miró desconcertada. «¿Celebrarlo cómo? Para cuando todo esto termine, ya será tarde. ¿Estás planeando algo de lo que no sé nada?»
Con una sonrisa, Ryan se metió la mano en el bolsillo y respondió: «Obviamente. No me subestimes».
Un rubor se apoderó de las mejillas de Serena, pero lo disimuló con un tono burlón. «Nadie duda de ti, pero no recuerdo que seas del tipo romántico. De hecho, apenas recuerdo que hayamos tenido una sola cena a la luz de las velas, y mucho menos grandes sorpresas».
Ryan pareció un poco herido por su pullita. «Venga ya, eso no es justo. Tú siempre trabajabas hasta tarde, a veces ni siquiera llegabas a casa. Primero estaba Cosmo Biotech, y yo en segundo lugar. Si alguien se sentía descuidado, no era por elección propia. ¡Tú me dejaste tirado!».
Sus últimas palabras quedaron flotando en el aire, mitad en broma, mitad con resentimiento, sonando exactamente como las de un hombre dejado de lado.
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