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Capítulo 661:
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Serena abrió los ojos de par en par, y su mente se disolvió en un repentino y vertiginoso vacío.
El beso de Ryan no fue profundo. No fue más que un roce delicado y vacilante, pero conllevaba una innegable reivindicación de posesión.
El calor de sus labios permaneció sobre los de ella solo durante un breve latido. Ligero como una pluma, pero abrasador, dejó una huella que parecía arder no solo en sus labios, sino también en la mirada de todos los testigos.
El mundo entero pareció detenerse.
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Un silencio sepulcral se apoderó del lugar, ahogando el leve murmullo y el eco de los pasos que, hasta hacía unos instantes, habían llenado el edificio. Cada movimiento se congeló. Todas las miradas se clavaron, hipnotizadas, en Serena y Ryan.
Enderezándose lentamente, Ryan dejó que la yema de su dedo rozara la comisura de los labios de ella, un contacto fugaz cargado de una intimidad tácita. Su mirada era una silenciosa proclamación, como si aquel acto tan impresionante fuera lo más natural del mundo.
Se inclinó lo justo para que su voz fuera solo para ella, murmurando: «Un beso. Eso es lo que habías olvidado».
Un calor escarlata se extendió por las mejillas de Serena, llegando hasta las puntas de sus orejas. El peso de las miradas parecía quemarle la piel, marcándola a fuego.
Sin embargo, Ryan ya se había despojado de la vulnerabilidad de aquel momento, envolviéndose una vez más en su habitual aura de majestuosa indiferencia, como si no fuera el hombre que acababa de besar a su novia ante todo el público.
Levantó la cabeza y su mirada recorrió con ligereza a la multitud atónita. Los empleados se sobresaltaron como si los hubieran despertado de un sueño y bajaron apresuradamente la vista.
Algunos jugueteaban con sus relojes, otros fingían mirar sus teléfonos y unos pocos examinaban el suelo como si de repente les resultara fascinante. Aun así, ninguno pudo reprimir las bruscas inhalaciones ni los susurros que se les escapaban.
« «Dios mío, ¿has visto eso? ¿El señor Walker acaba de besar a la señorita Adams?»
«Deben de haber vuelto. No hay otra explicación».
«Espera a que el foro de la empresa se vuelva loco con esto».
Ryan parecía totalmente ajeno al coro de asombro. Con una naturalidad que contrastaba con la tensión que se respiraba en el ambiente, se colocó un mechón de pelo suelto detrás de la oreja de Serena y dijo con tono sereno: «Sube. Te recogeré después del trabajo».
Los pensamientos de Serena se agolpaban, con el rostro aún en llamas. Dio un paso atrás tambaleándose y murmuró: «Qué infantil».
Entonces, casi huyendo aturdida, se dio la vuelta y se deslizó por las puertas giratorias, con pasos rápidos y torpes.
El calor abrasador de las miradas la siguió hasta el interior, minando la compostura por la que era tan conocida.
Solo cuando llegó al refugio de su oficina, Serena por fin exhaló. El alivio la inundó, pero en cuanto su mente revivió aquel beso, su corazón volvió a sumirse en el caos.
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