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Capítulo 624:
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Alexia preguntó: «Entonces, ¿aún no habéis encontrado a Kyra? ¿Sigue desaparecida?».
Fernando admitió: «No la hemos encontrado. Fue vista por última vez en un aeropuerto de Ykrania».
Por un instante, la imagen de Bella se proyectó vívidamente en la mente de Alexia, de forma espontánea e inquietante. ¿Era mera coincidencia… o algo más?
El tono de Waylon rompió el momento. «Aunque haya comprado la mina de uranio, no te la venderé».
Fernando se inclinó hacia delante, sin dejarse intimidar. «No necesitamos toda la mina. Solo buscamos un canal para el comercio. Además, tu país ya cuenta con vastos recursos y reservas estratégicas. Proteger una mina de uranio con tanta rigurosidad… ¿no te parece excesivo?»
La mirada de Waylon se agudizó, con un destello de advertencia en los ojos. «¿Excesivo? Para nada. Debes saber que el uranio no es una mercancía cualquiera: es un recurso estratégico, codiciado por los Estados más poderosos del mundo. Aunque accediera a venderlo, no hay certeza de que tu conglomerado pudiera asumir la carga. Vender armas es una cosa. Pero si no refrenas tu ambición desmesurada, acabarás aplastado por las verdaderas potencias que gobiernan este mundo».
La advertencia cayó como un mazazo, y Fernando vaciló. Tras un instante de silencio, sugirió: «Quizá podríamos cooperar. Si la Alianza Black Hawk muestra interés en nuestra última iniciativa tecnológica y está dispuesta a invertir en ella y apoyarla, estamos dispuestos a compartir toda nuestra investigación, en caso de que nuestro proyecto tenga éxito».
Waylon lo miró con frialdad, con la sospecha aún patente. «No todos los proyectos merecen nuestra atención. La investigación es ardua y vosotros no tenéis ninguna ventaja competitiva en tecnología del uranio».
Fernando sonrió, con un destello de confianza. «Al contrario, nuestro equipo de expertos es de talla mundial, a la altura de las selecciones nacionales. Contamos con una amplia experiencia en investigación nuclear. Si tan solo leyeras nuestra propuesta de proyecto, creo que despertaría tu interés».
Hizo un gesto a su secretaria, quien le entregó rápidamente el dossier preparado. Waylon ojeó su contenido con expresión impenetrable antes de comentar con tono neutro: «Lo discutiremos más tarde».
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Fernando exhaló aliviado. No se había cerrado ninguna puerta, y eso bastaba. «Si no fuera por la traición de Kyra, no estaríamos luchando por reorientarnos hacia este proyecto. Nuestro enfoque original se centraba en la tecnología bioquímica. Pero nuestra trayectoria se acercó peligrosamente a la de la Organización Styx. Y por eso intentaron sabotearnos».
La curiosidad de Alexia se despertó. «¿Qué estabas investigando antes?».
La respuesta de Fernando fue mitad broma, mitad confesión. «El enigma definitivo de la existencia humana».
Alexia arqueó una ceja, y una leve mueca de desprecio se dibujó en sus labios. Había captado su significado al instante. «La inmortalidad, entonces. Las comunidades científica y médica nunca renunciarán a esa búsqueda. ¿Lograsteis algún avance significativo?».
«Sí», admitió Fernando. «Hicimos avances significativos en la edición genética. Pero en una fase crítica, se produjo una catástrofe: el equipo de investigación pereció en un accidente aéreo. La deserción de Kyra agravó el golpe, y se perdió gran parte de nuestra inversión».
Miró a Alexia fijamente, con una mirada deliberada. «Si no me equivoco, tú también eres investigadora. La Universidad de Afoross es líder mundial en edición genética. Me preguntaba si te interesaría nuestro proyecto anterior».
La respuesta de Alexia fue fría e inmediata. «Lo siento. Defiendo firmemente la vida natural».
El rechazo tan tajante sorprendió a Fernando, pero insistió. «Pero la innovación requiere audacia, espíritu de riesgo. ¿Cómo avanzará la tecnología si nos aferramos con demasiada fuerza a los límites naturales?».
La expresión de Alexia se endureció. «Porque la propia naturaleza humana no puede soportar la prueba. Este mundo ya está dividido en jerarquías. Y la muerte es la única justicia. Y tú sabes perfectamente quiénes están desesperados por romper esa justicia».
«Sí. Gente como nosotros». Fernando levantó la barbilla, desafiante. «Somos la vanguardia del mundo».
La réplica de Alexia fue gélidamente resuelta. «No me metas en esto».
Su indiferencia lo inquietó. Se volvió hacia Waylon con una risita forzada. «¿Y tú? Nunca esperé que tu prometida expresara unos escrúpulos humanitarios tan elevados».
Los ojos de Alexia se deslizaron hacia Waylon, a la espera de su postura.
Su respuesta fue firme. «No me interesa la inmortalidad. En este mundo, los destinados a morir deben afrontar su fin. La inmortalidad es la codicia más pura de la humanidad».
Fernando soltó una risa baja y amarga. «Parece que, al fin y al cabo, mi antigua propuesta de proyecto no tiene interesados».
Tras abandonar Beacon Group, Alexia rompió el silencio dentro del coche. Sus palabras tenían un peso reflexivo. «Nuestro instituto también está investigando en ingeniería genética. Algunos de los recursos provienen de ti, Waylon. Lo sabes tan bien como yo: las naciones y los equipos de investigación con verdadera capacidad nunca han abandonado el sueño de vencer a la muerte».
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