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Capítulo 556:
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Hubo una pausa antes de que Alexia continuara. «Tú fuiste quien más se benefició de ello, así que no tienes derecho a hacerte la víctima. Cada vez que las cosas salen mal, intentas eludir la culpa y calmar tu conciencia culpable. Lo que no soporto más que nada son los cobardes».
La palabra le dolió y dejó a Heath atónito y sin palabras.
Absorto en su propia frustración, Heath bajó la guardia por un momento. Alexia aprovechó la oportunidad para zafarse de su agarre. «Si no dejas de seguirme a todas partes, haré que mi novio se encargue de ti».
Era la primera vez que Alexia mencionaba a Waylon para resolver un problema. Y el mensaje era claro.
Heath no pasó por alto el peso de ese nombre. Al oírlo, dio un paso atrás. No le quedaba más remedio que ver cómo Alexia se alejaba a zancadas, sin mirar atrás ni una sola vez.
La amargura se apoderó del pecho de Heath mientras su figura se desvanecía en la distancia.
Las palabras de Alexia eran ciertas. La cobardía se aferraba a Heath, innegable y pesada. El día que descubrió que Waylon era su novio, cualquier sueño de conquistar su corazón se desvaneció.
Su único deseo era seguir siendo su compañero más cercano en el mundo del cine.
La idea de que Alexia eligiera a otra persona para ese papel le supuso un golpe definitivo. Las emociones se intensificaron hasta abrumarlo, inundando su cuerpo de angustia. Le temblaban tanto las manos que apenas podía sujetar nada. Un zumbido agudo le llenó los oídos y el dolor le retumbaba en la cabeza.
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Mientras rebuscaba en los bolsillos en busca de su medicación, las pastillas se derramaron y se esparcieron por el suelo.
Alguien que pasaba por allí vio a Heath desplomado contra la pared, con el sudor resbalándole por la cara mientras luchaba por respirar. La alarma se reflejó en sus rostros. «¡Señor! ¿Se encuentra bien? ¡Que alguien ayude! ¡Llamen al 911!»
Heath no dijo ni una palabra. Sus ojos permanecieron fijos en la espalda de Alexia.
Por un breve instante, Alexia aminoró el paso al percibir el alboroto a sus espaldas.
Durante una fracción de segundo, la esperanza titiló en el pecho de Heath.
Sin embargo, esa pequeña esperanza se desvaneció tan rápido como había llegado, dejándolo destrozado.
Ella nunca miró atrás. Ni una sola vez.
Una sonrisa amarga torció los labios de Heath mientras se llevaba una mano al pecho. «Alexia, siempre con la cabeza bien alta».
Siempre la había puesto en un pedestal, viéndola como su única y verdadera inspiración. El amor por ella lo llenaba, pero también lo hacían el sentimiento de culpa y, últimamente, un odio que se alimentaba lentamente. Dentro de la ambulancia, Heath se dejaba llevar por una neblina de dolor, susurrando con voz quebrada: «No dejaré que nadie me te robe. »
Una férrea determinación creció en su interior. Cualquiera que se atreviera a ocupar su lugar quedaría arruinado.
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