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Capítulo 478:
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Una vez terminada la cena, Waylon y Alexia se despidieron antes de marcharse.
Al ver los platos apilados sobre la mesa, Serena suspiró. «Dejadlo todo ahí. La empleada doméstica se encargará mañana. Ya habéis hecho suficiente por hoy. Id a casa y descansad un poco. Gracias».
Quizá fuera por ver a Waylon y a Alexia juntos, pero Ryan de repente se encontró incapaz de tolerar la actitud distante de Serena hacia él. «¿Por qué siempre eres tan formal conmigo?»
Tras acostar a Betsey y asegurarse de que su puerta estuviera cerrada, Serena se volvió hacia Ryan. «Bueno, ¿qué intentas decir?».
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Ryan no dudó. «No me voy esta noche».
Serena respondió con la misma franqueza. «Aquí no hay ninguna habitación libre para ti».
Una lenta sonrisa se dibujó en el rostro de Ryan. «No necesito una habitación libre. Una cama es todo lo que necesito».
Estaba claro que no tenía intención alguna de conformarse con el sofá.
Al calar sus intenciones, Serena lo miró con los ojos entrecerrados. «Ryan, no olvides por qué estamos haciendo esto. Somos socios de negocios, nada más. Todo esto es por la seguridad de Betsey. Más allá de eso, no hay nada entre nosotros».
Ryan se tomó sus frías palabras con calma, sin desanimarse lo más mínimo. Después de tantos años conociéndola, ya estaba acostumbrado a su lengua afilada.
Justo cuando Serena se dio la vuelta para marcharse, sintió un suave calor a sus espaldas, una presencia que se apretaba contra su espalda.
Ryan la rodeó con los brazos, con un abrazo suave pero firme, que le impedía alejarse.
Un escalofrío recorrió a Serena al sentir la firme fuerza de su abrazo. Ryan apoyó la mejilla contra su cabello y le habló en voz baja: «¿De verdad estás tan segura? No me digas que nunca te has sentido sola antes».
Serena cerró los párpados por un segundo. «Aunque me sintiera sola, nunca se me pasaría por la cabeza acudir a ti».
Ryan la abrazó con más fuerza, con la frustración reflejada en su rostro. «¿Y a quién acudirías entonces? Durante todos estos años, has sido la única mujer con la que he tenido intimidad».
La imagen de Elizabeth pasó como un destello por la mente de Serena. Soltó una risa seca y le dio un fuerte codazo a Ryan, seguido de un puñetazo en el pecho. «Deja de mentir».
Con aspecto dolido por el golpe, Ryan la miró desconcertado. «¿Por qué dices que miento?».
Serena se zafó de su abrazo, con voz fría e inquebrantable. «Sabes perfectamente a qué me refiero».
Ryan no le encontraba sentido a su acusación. ¿Se suponía que debía saberlo sin que se lo dijeran?
Acortó la distancia que los separaba. «No puedes acusarme así sin más».
Sin perder el ritmo, Serena respondió: «Ryan, esto es exactamente el tipo de persona que eres».
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