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Capítulo 448:
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Alexia se sorprendió al ver a Nick al salir de casa.
El hombre que tenía ante sí, marcado por el paso del tiempo, desprendía un aire sombrío pero amable, como un anciano bondadoso ablandado por la edad.
Su abrigo de color camel le llamó la atención: un tono grabado en su memoria desde un cumpleaños de hacía mucho tiempo, cuando él había llevado algo similar.
De niña, Alexia había anhelado el cariño de su padre. Aquel cumpleaños, cuando Nick le regaló de pasada una pequeña baratija que había recogido de la calle, la joven Alexia lo había interpretado ingenuamente como un gesto sincero de amor. Pero esa fugaz calidez fue todo lo que habían compartido.
Nick y Alexia rara vez pasaban tiempo juntos. Su tensa relación con Evelyn lo mantenía distante, a menudo fuera por negocios, dejando poco espacio para ella. Aunque no era tan cruel como Evelyn, tampoco le ofrecía ninguna calidez real.
—¿Tienes tiempo para tomar un café? —preguntó Nick, con tono incómodo y la mirada inquieta, incapaz de sostener la de ella.
A Alexia le pareció casi cómica aquella mansedumbre tan poco propia de él, aunque le despertaba una maraña de emociones.
—Me voy a trabajar —respondió ella con frialdad.
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—Es domingo.
—Pues entonces tengo una cita —replicó ella con naturalidad.
A Nick se le enrojecieron los ojos y la voz se le quebró. «Alexia, solo quiero hablar».
Ella no levantó la vista. «Te escucho. Habla».
Nick suspiró profundamente. «No pareces alguien que quiera saber nada de su padre».
«¿Padre? No soy tu hija». Alexia soltó una risa seca. «Me expulsaron de la familia Jenkins hace mucho tiempo. ¿Recuerdas lo que dijiste en la fiesta de cumpleaños de Marilee, con todos esos periodistas mirando? Yo sí. Me llamaste un error, una mancha en el nombre de la familia Jenkins».
Con cada palabra, Nick parecía encogerse, temblando como una hoja en una tormenta. Alexia vio su inquietud, pero siguió adelante. «Ahora has venido a verme, así que debes de estar desesperado. ¿Se trata de Zayne?»
«Sí», admitió Nick sin dudar. «Te pido que ayudes a Zayne. En su día fuisteis hermanos».
El tono de Alexia era gélido. «No tengo ningún hermano como él, y él no quiere una hermana como yo. Su hermana es Marilee».
El rostro de Nick se contrajo con remordimiento, su sinceridad era innegable. «Nos equivocamos… ¡Nos equivocamos terriblemente! Es culpa nuestra, nuestro egoísmo y nuestra estrechez de miras los que te hicieron daño. Zayne y Marilee te veían como una amenaza. Te hicieron daño y, como su padre, tengo que arreglarlo. ¡Si perdonas a Zayne, haré lo que sea!». Su postura era casi suplicante, como si fuera a inclinarse ante ella.
Alexia arqueó una ceja, con una mezcla de sorpresa y sentimientos encontrados revoloteando en su interior. « «Es la primera vez en años que te veo comportarte como un padre. En aquella época, eras prácticamente un fantasma en la familia».
Nick había ignorado todo lo que hacía Evelyn: su arrogancia, sus intrigas, su silenciosa opresión hacia Alexia. Lo había visto todo, pero se había quedado callado.
Tras respirar hondo, Alexia mantuvo la compostura. «Dices que harías cualquier cosa, pero no se me ocurre ni una sola cosa que tenga la familia Jenkins que yo quiera. Para ser franca, aunque todos os murierais de golpe, a mí no me importaría».
La voz de Nick rezumaba amargura. «Si eso es lo que sientes, no hay necesidad de luchar contra nosotros».
«No estoy luchando contra vosotros. Solo estoy haciendo que tu familia afronte la realidad», dijo Alexia, con una leve sonrisa esbozándose en sus labios.
Sus palabras hicieron que a Nick se le helara la sangre, pero ella suavizó el tono. «Estoy bromeando. Si quieres mi ayuda con Zayne, responde a una pregunta con sinceridad. Sin mentiras».
Nick se enderezó, agudizando la mirada. «Pregunta lo que quieras».
Los ojos de Alexia lo traspasaron. «¿Alayna y tú os conocíais desde hacía mucho tiempo?».
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