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Capítulo 445:
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Aun así, cuanto más ganaba, más le preocupaba a Alexia perderlo. Quería tener cerca a sus amigos, a su amor y a su familia. Para mantener a todos a salvo, sabía que tenía que hacer frente a cualquier cosa que pudiera amenazarlos.
Al darse cuenta de la mirada en sus ojos, Waylon la abrazó y le dio un suave beso en la frente. «Te espera aún más».
Waylon deseaba, en lo más profundo de su ser, poder llenar su vida únicamente de felicidad.
Alexia entrecerró los ojos con satisfacción, acurrucándose contra su pecho como un gato que había encontrado un rincón soleado. «¿Cómo es eso?».
Él sonrió. «¿A qué te refieres?».
«Waylon, ¿por qué te enamoraste de mí?». Alexia llevaba tanto tiempo guardándose esa pregunta, esperando el momento adecuado para soltarla.
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Incluso el día en que por fin se decidió por él, su mente solo estaba llena del impulso de correr a sus brazos.
Waylon fingió pensárselo un momento.
Aunque estaba ansiosa por oír su respuesta, Alexia intentó relajar el ambiente. «¿Es porque soy especialmente guapa, inteligente, divertida, elegante y mona?». Decir todo eso delante de él le hizo sonrojarse un poco.
A Waylon se le escapó una risa silenciosa mientras la miraba con seriedad. «¿Cómo lo explico? Desde el momento en que realmente desperté al mundo, tú fuiste la única persona a la que vi».
Sus palabras dejaron a Alexia momentáneamente sin palabras.
Su corazón latía con fuerza y murmuró: «¿Por qué solo yo?».
Por un instante, se preguntó si solo la estaría tomando el pelo con esas palabras sobre la belleza, el ingenio y el encanto.
Él respondió sencillamente: «Mi corazón y mis ojos siempre han apuntado hacia ti».
Waylon no conseguía expresar ese sentimiento con palabras. Desde que Alexia entró en su vida, todo lo que antes le parecía sin vida y gris había empezado a cobrar vida y color.
Quizá su mundo siempre había sido así de aburrido. Desde que era niño, la gente lo veía como una especie de prodigio, y esa etiqueta lo mantenía encerrado en su propio mundo. Le hacía ver todo a través de una lente fría y distante.
Tenía la sensación de que el mundo funcionaba según una fórmula estricta. Los adultos repetían las mismas rutinas día tras día. Sus compañeros de clase parecían atrapados en sus propias burbujas de ignorancia. Y todos a su alrededor seguían el mismo bucle, como engranajes de una máquina.
Pero Alexia no encajaba en nada de eso.
Cuando la vio por primera vez, fue como encontrar un toque de color en un mundo desvaído.
Era llamativa, silenciosamente fuerte, y desprendía una dulzura que perduraba.
De alguna manera, se sentían en sintonía, aunque procedieran de mundos totalmente diferentes.
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