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Capítulo 349:
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Lo que se suponía que iba a ser una «lección» juguetona se alargó interminablemente, hasta que a Alexia le empezó a doler el brazo de tanto esfuerzo.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que la idea que tenía Waylon del castigo no se quedaba solo en palabras. Cada roce de su mano, cada abrazo provocador, le provocaba escalofríos, pero él siempre la dejaba con ganas de más, sin ceder nunca por completo.
Durante todo esto, Waylon parecía saborear cada momento, mientras que Alexia se sentía agotada. Ni una sola vez se atrevió a pedirle que parara. Su timidez hacía que la idea le resultara demasiado humillante como para siquiera planteársela.
Al final, recuperó el aliento entre sus besos y dejó escapar una pequeña queja. «Waylon, ¿alguna vez paras? ¿Eres adicto a los besos o qué?»
Waylon se limitó a soltar una risa grave. «Lo dice la mujer que va besando a cualquiera que tenga cerca cuando está achispada».
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«No estaba besando a cualquiera. Ada es mi amiga íntima, eso es todo». Poniendo los ojos en blanco, Alexia intentó defenderse.
Con una mirada de fingida ofensa, Waylon negó con la cabeza. «Da igual si estás borracha o no. Yo soy el único al que deberías besar, ¿entendido?».
Completamente desconcertada por su actitud posesiva, Alexia se preguntó si realmente estaba molesto porque hubiera besado a Ada.
Aquella primera noche en la misma cama, Waylon la envolvió como si fuera su propia almohada corporal. Por extraño que pareciera, a ella no le importó. Abrazada con fuerza entre sus brazos, la inquietud de Alexia se desvaneció y, por una vez, se quedó dormida rápidamente, sintiéndose más segura que nunca.
Al amanecer, Alexia se despertó a su hora habitual; su reloj biológico nunca fallaba. Waylon, por su parte, seguía dormido, con la respiración regular y tranquila —algo poco habitual en él—.
Durante un momento, se quedó allí tumbada observándolo, silenciosamente fascinada por lo impresionante que se veía, incluso sumido en el sueño. No pudo resistirse a contar en silencio sus largas pestañas, admirando la forma en que proyectaban pequeñas sombras.
Extendió el dedo y le dio un suave golpecito en la nariz, incapaz de contenerse.
Justo cuando pensaba en pellizcarle la mejilla por diversión, Waylon abrió los ojos. Había un atisbo de mal humor matutino en su mirada que ella percibió rápidamente.
Alexia susurró: «Ya es de día. Deberíamos levantarnos».
Waylon se limitó a subirse más las mantas. «Apenas está amaneciendo. Quédate aquí conmigo un rato más».
Una mirada escéptica se dibujó en su rostro. ¿De verdad era tan temprano? Aun así, su calor la convenció y se relajó a su lado un rato más.
La luz del sol matutino acabó entrando a raudales y, poco después, Selena llegó a la casa.
Bajando las escaleras en pijama, Alexia fue a por un vaso de agua y se topó con Selena.
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