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Capítulo 279:
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Mientras Internet bullía con teorías descabelladas, una nueva publicación de Pole Star acaparó la atención de todos.
Alexia puso todo su corazón en un contundente ensayo, en el que relataba cómo le habían robado los créditos de guion hace cinco años. Describió el dolor de ver cómo vendían su arduo trabajo e instó a sus compañeros creadores a proteger con uñas y dientes sus propios nombres, advirtiéndoles de la traición que acecha en el sector.
Sus palabras encendieron una chispa que se extendió por todo Internet.
«¡Pole Star tiene un instinto increíble para saber cuándo alzar la voz! Siempre da en el blanco justo donde Daphne es más vulnerable. Si estuviera en el lugar de Daphne, ahora mismo estaría furiosa».
«Pole Star nunca permite que se aprovechen de ella. Es muy satisfactorio ver este golpe silencioso. Pero cuando mencionó que le robaron el crédito hace cinco años, ¿estaba señalando a alguien?»
«¡Sin duda! ¡El subtexto apunta a Heath!»
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«¿No se consideraba antes a Heath y a Pole Star el mejor equipo cinematográfico? Creía que su colaboración era inquebrantable».
«Esos días ya han quedado atrás. Pole Star ya casi ni le mira. Heath ya no significa nada para ella».
Al leer la avalancha de comentarios, Heath sintió un nudo en el estómago. La publicación de Alexia lo dejaba claro: después de acabar con Daphne, él era el siguiente en su lista. No había forma de negarlo: el colapso de Daphne había sido orquestado por ella. Con su carrera pendiendo de un hilo, Heath se dio cuenta de que no podía permitirse quedarse al margen ni arriesgarse a que el lío de Daphne lo arrastrara con ella.
Tras pasar innumerables horas sopesando sus opciones, Heath dio un paso audaz. Entregó pruebas incriminatorias contra Bowden, acumuladas durante años, a un bloguero extranjero.
Heath sentía una profunda desconfianza hacia la prensa local, ya que sabía que la influencia de Bowden se extendía mucho más allá de los círculos mediáticos nacionales. Sin embargo, estaba seguro de que, si la noticia saltaba primero a la palestra internacional, sería imparable cuando llegara de vuelta a su país.
Tenía razón: la reacción fue inmediata. A medianoche, las revelaciones sobre los delitos de Bowden se extendieron por Internet como la pólvora.
Como siguiente paso, Heath organizó una rueda de prensa cuidadosamente programada. Anunció su ruptura con Daphne, alegando que la separación había tenido lugar hacía ya algún tiempo. Durante cinco años, dijo, tanto Daphne como Bowden le habían obligado a actuar, dejando su salud mental por los suelos.
Con la intención de evitar que Alexia lo tomara como blanco, Heath publicó otro comunicado; esta vez, revelando la verdad sobre la venta de los derechos de denominación de Pole Star y el robo de su trabajo cinco años antes.
La astucia se desprendía de cada línea, ya que Heath evitó abordar directamente las acusaciones más contundentes. En su lugar, dejó entrever que Daphne y Bowden lo habían manipulado desde el principio.
En aquellos primeros tiempos, él y Pole Star no eran nadie y carecían de una red de seguridad. Para protegerla, afirmó, había seguido los planes de Daphne y había accedido a hacer pasar el trabajo de Pole Star como suyo, llegando incluso a aceptar la relación.
De principio a fin, Heath se presentó a sí mismo como la parte agraviada, atrapado en circunstancias que escapaban a su control. La reacción del público fue explosiva. Los problemas de Daphne no hicieron más que agravarse, e Internet bullía de nueva indignación.
En medio del caos y del creciente escrutinio público, sonó el teléfono de Heath. Al otro lado de la línea, la voz de Daphne temblaba entre lágrimas.
«¡Mentiroso desvergonzado! Heath, ¿cómo te atreves a fingir que eres inocente? ¡Tú fuiste quien presionó para cerrar el trato con el nombre de Pole Star! ¿Y ahora te quieres hacer el héroe? ¿No te da miedo lo que te hará mi padre?»
Mientras la rabia de Daphne se desbordaba por la línea, la compostura de Heath no flaqueó en ningún momento. «¿Tu padre? Está demasiado ocupado tratando de borrar sus propias huellas. Daphne, si quieres ahorrarle más problemas, harías bien en mantener la boca cerrada. Si vuelves a traicionarme, lo revelaré todo: malversación, soborno, incluso agresión. Seamos sinceros, la cárcel sería la menor de sus preocupaciones. Con cargos como esos, puede que ni siquiera salga con vida».
La conmoción en los ojos de Daphne era inconfundible. Se llevó la mano al pecho, con el corazón latiéndole con fuerza mientras la desesperación se apoderaba de ella. «Así que todo esto ha sido obra tuya. ¿Cómo has podido volverte tan frío, Heath? Después de todo lo pasado, ¿nada de eso te importaba? ¿Cómo puedes ser tan cruel?».
A pesar de que su voz se quebró por la desesperación, Heath se limitó a exhalar, con un tono casi cansado. «Te advertí que te cuidaras las espaldas, ¿no? Siempre has sido demasiado confiada. ¿Por qué pensabas que me importaba algo? Cada segundo a tu lado era un castigo. No tienes ni idea… me das asco».
Esas últimas palabras le dejaron sin aliento. El teléfono se le resbaló de los dedos temblorosos y cayó al suelo con un estruendo.
Completamente destrozada, se dejó caer de rodillas junto a él, incapaz de mantener la compostura por más tiempo.
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