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Capítulo 21:
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Habían pasado años desde la última vez que Alexia llamó a Waylon por ese viejo apodo. Por aquel entonces, ninguno de los dos veía al otro como un enemigo.
Alexia era la dulzura personificada: encantadora, con un tono suave en cada palabra, siempre pegada a su lado. Waylon, por su parte, había levantado muros tan altos como su ego. Intocable. Admirado y envidiado a partes iguales.
Se prolongó un momento de silencio mientras Waylon se limitaba a observar a Alexia, con la mirada recorriendo cada detalle.
A Alexia siempre le había resultado natural cuidar su aspecto. Nunca perdía la oportunidad de llamar la atención, y hoy hacía precisamente eso. El frío parecía molestar a todos menos a ella. Envuelta en un vestido de noche ceñido, con la piel expuesta al frío, se movía con una gracia natural; sus hombros desnudos y su elegante escote atraían más de una mirada persistente.
Waylon permaneció impasible. Al no obtener respuesta por su parte, los dedos de Alexia se retiraron, y la luz de sus ojos se atenuó hasta convertirse en una tristeza creíble —una vulnerabilidad tan convincente que hizo que los espectadores se movieran incómodos—.
Al girarse para marcharse, apenas había dado un paso cuando la voz de Waylon la interrumpió, tan fría como siempre. «Ven conmigo».
Alexia se detuvo en seco. La multitud contuvo el aliento y luego lo soltó de golpe.
A un lado, Elton dejó escapar un suspiro de cansancio. Siempre era lo mismo. Waylon nunca se daba cuenta de sus trucos, siempre dispuesto a complacerla.
Con una elegancia natural, Alexia se volvió, con un atisbo de sonrisa en los labios. No hicieron falta palabras cuando un abrigo pesado se posó sobre sus hombros, irradiando el calor de Waylon.
Por un instante, sus manos se aferraron a la tela, una pequeña reacción que delató su calma, y alzó la mirada para encontrarse con los ojos de él.
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No hacían falta palabras. Ella lo entendió y, con tranquila seguridad, se colocó a su lado. Elton se apartó, dejándole espacio para estar cerca.
En el salón superior del club, el grupo tomó asiento. Tenían la mejor vista, con vistas a la multitud que se congregaba para la competición anual de equitación y tiro de la ciudad.
La emoción bullía en la sala cuando Alexia miró a Waylon. «Wally, ¿has apostado? Ya sabes que todo el mundo apuesta por Black Mamba o por Royal Lion. ¿Por cuál apuestas tú?».
Waylon no la miró a los ojos ni una sola vez; su atención estaba fija en la pista. Su respuesta fue seca. «¿Desde cuándo me llamas así? No tenemos exactamente ese tipo de relación».
La dulzura de su voz no flaqueó. «¿No es eso lo que hemos venido a averiguar? Quizá estemos más cerca de lo que crees».
La mirada de Waylon se agudizó mientras observaba su actitud entusiasta con silenciosa sospecha. «Somos todo menos cercanos».
Alexia ladeó la cabeza, con una risa en los ojos. «Dale cuarenta y ocho horas. Ya veremos lo cerca que llegamos».
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