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Capítulo 165:
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Serena había superado innumerables negociaciones tensas, pero esa noche la presión amenazaba con asfixiarla.
Aunque se había preparado para el aire imponente de Waylon, lo que realmente la desconcertaba era Alexia.
Todo el mundo pensaba que Alexia no era más que la simpática bióloga de la planta de abajo que daba clases en la Universidad de Afoross. Sin embargo, allí de pie, irradiaba una seguridad que Serena no le había visto antes. Parecía una desconocida vestida con ropa familiar.
Con ambas presionándola para que diera una respuesta, el instinto de Serena le decía que se alejara y evitara todo el asunto.
En lugar de eso, respiró hondo y logró ordenar sus pensamientos. Escogiendo cuidadosamente sus palabras, tomó la palabra. «Ravenwood sería un socio excelente. Pero si Cosmo tiene que elegir, Blue Whale es una mejor opción».
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No veía sentido en ocultar su elección.
Los ojos de Alexia se iluminaron al instante. «¡He ganado!».
El descontento se dibujó en el rostro de Waylon, tan leve que era fácil pasarlo por alto. Dirigiendo una mirada firme a Serena, preguntó: «¿Te importaría explicarlo? ¿Por qué, en tu opinión, Blue Whale está por encima de Ravenwood?»
Una ligera arruga apareció entre sus cejas. «No se me escapan los puntos fuertes de Ravenwood. Su equipo rinde al más alto nivel. Aun así, mis razones para esta decisión son personales. Espero que lo entiendas».
Evidentemente, no tenía intención de revelar nada más.
Waylon la estudió durante un momento, entrecerrando los ojos. Captó el verdadero mensaje al instante.
Así que todo esto se remontaba a Ryan.
Justo en ese momento, Ryan salió al pasillo.
Del brazo de él, Elizabeth se iluminó al ver a Waylon. «¡Ahí está! Mi padre me dijo que le diera recuerdos al señor Mason».
Sin esperar, le dio un tirón a la manga a Ryan. «Ayúdame a presentarme, ¿quieres?».
Ryan no puso pegas, aunque se coló un tono de precaución en sus palabras. «Claro, te lo presentaré. Pero no te pases. No tiene paciencia para los saludos ruidosos. ¿Y la mujer que está a su lado? Lleva años obsesionado con ella».
Elizabeth intentó…
parecer tranquila, y susurró: «No te preocupes. Sé cómo ser sutil. Y, sinceramente, hacen una pareja estupenda».
A Ryan se le atragantó una risita burlona. ¿Ahora quería respetar los límites? ¿Dónde estaba ese sentido de la precaución cuando prácticamente se le había echado encima hacía un momento? Aun así, descartó el recuerdo tan rápido como había surgido. A Serena le importaría un comino su relación con Elizabeth.
Entonces vio a la mujer que estaba delante de Waylon: nada menos que Serena. Algo se agitó bajo la apariencia tranquila de Ryan. Tras ajustarse con cuidado los gemelos, se inclinó hacia Elizabeth y le dijo: «Quédate conmigo».
Elizabeth no tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero sus ojos brillaban de expectación mientras lo seguía.
Apenas se habían acercado cuando Serena se dio la vuelta, decidida a desaparecer antes de que Ryan pudiera pronunciar una sola palabra.
Aquella noche era la tercera vez que intentaba escabullirse de él, y algo dentro de Ryan se rompió. Se movió con rapidez, agarrándola de la muñeca, y su voz adquirió un tono gélido.
«¿Huyendo otra vez? ¿Después de todos estos años, vas a pasar de largo como si fuéramos unos desconocidos? ¿Señorita Adams?».
Serena se liberó con calma de su agarre, y su respuesta fue tan fría que heló el ambiente. «Muestre un poco de educación, señor Walker. Hemos terminado aquí. No hay nada más que discutir».
Se marchó sin dudar, alejándose con elegancia y un aire de indiferencia que le dolió.
El cambio en la expresión de Ryan no pasó desapercibido para Elizabeth, cuyo estado de ánimo se agrió en un instante. « Ryan, ¿quién es esa? Qué descaro… tratarte así».
Ryan no respondió, con las manos cerradas en puños y la mirada fija en la silueta de Serena, que se desvanecía entre la multitud.
A Waylon toda la escena le pareció demasiado entretenida. Sus ojos brillaban con picardía. «Ya casi ha salido por la puerta y tú sigues aquí plantado como una estatua. ¿No vas a detenerla y hablar con ella?»
Ryan le lanzó una mirada fulminante, obstinado como siempre. «Ni hablar».
Elizabeth percibió la extraña tensión entre los dos hombres. Algo tácito flotaba en el aire, lo que la dejaba inquieta.
Apartando la vista del alboroto, Waylon miró a Alexia. «¿Lista para salir de aquí? Un poco de aire fresco nos vendría bien».
La sonrisa de Alexia era cálida y sincera. «Me encantaría».
Ryan, reacio a dejar que el grupo se dispersara, se enderezó. «He visto un jardín mientras daba un paseo antes. Es un sitio estupendo para tomar el aire. Vamos todos juntos; Elizabeth ya ha tenido suficiente de este lugar».
Elizabeth aceptó la sugerencia con entusiasmo, asintiendo con la cabeza. Waylon arqueó las cejas, invitando a Alexia a expresar sus pensamientos.
Alexia asintió relajada. «Suena bien».
Después de que el grupo se alejara, Roger observaba desde las sombras, saboreando su champán con expresión sombría.
Al darse cuenta del mal humor de Roger, otro invitado se acercó, esforzándose demasiado por parecer amistoso. «¿No es tu noche, Roger? Pareces molesto».
A Roger se le escapó una risa forzada. «Molesto» era una palabra demasiado pequeña para describir lo que sentía al ver a Alexia brillar entre los demás.
A su compañero no le importó el silencio. Le dio una palmada en el hombro a Roger, se inclinó hacia él y bajó la voz hasta convertirla en un susurro. «Deja de estar de mal humor. Deberías echar un vistazo a la pista de baile. Marilee ya está ahí fuera, bailando con alguien nuevo».
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