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Capítulo 905:
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Su voz se elevó y se volvió cada vez más estridente. La rabia le distorsionó el rostro hasta el punto de que parecía que se estaba volviendo loca. «¡Todo esto es culpa tuya! Si no hubieras sido tan egoísta y no hubieras cambiado, no me habría visto obligada a sacrificarme una y otra vez solo para alcanzar mis metas».
El asco y el resentimiento inundaban su expresión. «¿Tienes idea de a cuántas cosas he renunciado para llegar hasta aquí?».
Al observar el rostro retorcido de Justine, Lillian comprendió por fin la verdad. «Así que tengo que morir hoy solo para que tú te sientas satisfecha. ¿Es eso lo que estás diciendo?».
Justine le dedicó una sonrisa fría. «Podrías haber seguido viva. Ya me sentía cómoda con la persona tonta que solías ser. Lo único que tenías que hacer era quedarte callada a mi lado y dejar que todos reconocieran cuál de las dos era realmente importante. Deberías haberte quedado en un rincón, como una figura silenciosa que nadie notara. ¿Por qué no pudiste seguir interpretando ese papel?».
La voz de Justine se volvía más frenética con cada palabra. «¿Tienes idea de lo mucho que tengo que esforzarme para reconstruir mi imagen cada vez que me humillas delante de todo el mundo? ¿Sabes que no he dormido ni una sola noche del tirón porque he estado luchando por mantener este puesto? ¡Llevo meses viviendo con un miedo constante!».
Lillian mantuvo la calma. «Pero, ¿de verdad crees que matarme te traerá por fin la paz? ¿Crees que la verdad sobre tu mentira de ser la salvadora del mundo nunca saldrá a la luz si muero?».
Una mirada despiadada se apoderó de los ojos de Justine, y un lado de su boca se curvó en una sonrisa cruel. «Eso no tiene nada que ver contigo. Una mujer sin poder espiritual como tú nunca podría ser la salvadora del mundo de todos modos».
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Cada humillación y cada experiencia dolorosa que había soportado debían ser pagadas, incluidas todas las veces que se había rebajado ante esos hombres.
Cuando el ejército de Justine recibió la orden y se abalanzó hacia ella, Lillian no dijo nada. Abrió la palma de la mano y se hizo un profundo corte en ella. La sangre corrió rápidamente por las líneas de su palma antes de gotear sobre el suelo helado.
De camino hasta allí, había oído el susurro de los insectos cerca. Se habían mantenido cerca de ella, y eran la única fuerza en la que podía confiar para romper este cerco.
Lillian se volvió hacia Darren con firme determinación. «Darren, tengo que ocuparme de esto yo misma. Cuando llegue el enjambre de insectos, llévate a todos los demás y ábrete paso a la fuerza. No pierdas los suministros y no dejes que muera nadie. Son la única esperanza de Nikolas. Debes asegurarte de que sobreviva».
Darren bajó la mirada hacia la palma sangrante de ella y se quedó en silencio un breve instante.
«Tienes que confiar en mí en esto», insistió Lillian.
El rostro de Darren no revelaba nada, pero un dolor terrible le oprimía el corazón. Al final, aceptó su plan y asintió levemente con la cabeza. «De acuerdo».
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