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Capítulo 814:
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Años de experiencia habían enseñado a Crystal y a sus compañeros a no juzgar demasiado rápido, así que se abstuvieron de sacar conclusiones sobre Lillian y, en su lugar, la invitaron cortésmente a cenar con ellos.
A medida que avanzaba la conversación, Crystal se dio cuenta de que no le resultaba fácil determinar qué tipo de persona era Lillian en realidad. A pesar de la apariencia delicada de Lillian, intuía que bajo la superficie se escondía mucha más fuerza, por lo que la trató con un respeto mesurado.
Al final de la reunión de esa noche, se había tomado una decisión. El grupo acordó apoyar a Samuel y acompañarlo a Umbra. Crystal mantenía contacto con otros leales exiliados más allá del asentamiento. Al igual que Bernard, muchos más permanecían dispersos por diferentes regiones.
La noticia se difundió rápidamente. Los miembros restantes de la Manada del Lobo Plateado comenzaron a dirigirse hacia Umbra uno tras otro.
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Era un paso crucial en sus preparativos, uno que podría determinar el rumbo de todo lo que viniera después. Se convertirían en la primera fuerza militar real de Samuel, pero antes de que pudieran luchar como uno solo, ambas partes necesitarían tiempo para mejorar su coordinación.
La Manada Glaze comenzó a evacuar el planeta menor por etapas. Tras dos días de viaje, finalmente llegaron a Umbra.
Cuando Wilder se enteró de que Samuel había logrado reunir a los restos dispersos de los antiguos leales, una oleada de incredulidad lo sacudió.
El plan que había elaborado cuidadosamente para controlar a Samuel como una marioneta ya se estaba desmoronando.
Aun así, si lograba llegar a un acuerdo con aquellos antiguos aliados, tal vez todo pudiera seguir según su plan original.
Y cuando llegara el momento adecuado, Lillian aún podría resultar útil…
Las dos facciones se encontraron por fin cara a cara. Wilder había preparado una base temporal para la manada de Crystal en Umbra, aprovechando la oportunidad para examinar de cerca la fuerza de este ejército recién formado reunido bajo el mando de Samuel.
Sorprendentemente, no había hostilidad entre ambas partes. Sus caminos solo se habían separado porque en el pasado habían elegido formas diferentes de sobrevivir. Ahora, con el nombre de los Lobos Plateados uniéndolos una vez más, se encontraban sentados uno frente al otro en la misma mesa.
Samuel ocupaba el asiento central, mientras que las figuras clave de ambas facciones tomaban posición a ambos lados de él. Lillian permanecía a su lado, tras haber pasado los dos últimos días manteniendo un perfil bajo mientras estudiaba discretamente a todos los presentes. Cada cambio sutil en la expresión, cada hábito inconsciente, cada pequeño movimiento se convertía en una pista mientras iba descifrando las mentes de quienes la rodeaban.
Los primeros veinte minutos de la conversación transcurrieron en un ambiente de cortesía.
Wilder preguntó por el viaje de Crystal, su ruta migratoria y el estado de sus provisiones. A cambio, Crystal le preguntó por las operaciones mineras y las medidas defensivas de Umbra. Cada intercambio sonaba tranquilo y respetuoso, y cada frase había sido cuidadosamente sopesada antes de ser pronunciada.
Sin embargo, a medida que la conversación avanzaba, Wilder seguía desviando sutilmente el tema hacia su propia agenda.
Cada pregunta conllevaba la misma expectativa subyacente: que los recién llegados se adaptaran a su forma de hacer las cosas.
Crystal parecía complaciente en apariencia, respondiendo sin resistencia manifiesta. Pero bajo esa apariencia tranquila, cada respuesta reforzaba un límite que su manada se negaba a traspasar. Habían venido a apoyar a Samuel, no a formar parte del gremio comercial de Wilder.
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