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Capítulo 630:
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Esa declaración encendió algo en lo más profundo de su ser. Aun así, el objetivo de Lillian iba más allá de darles voz. Estaba construyendo algo mucho más grande. Para convertirse en su reina, primero tenía que garantizar sus derechos y ganarse su confianza. Solo entonces podría reunir un ejército que la siguiera sin dudar.
En el Planeta Luz.
A un lado del plató de televisión, Leah permanecía inmóvil mientras la voz de Lillian resonaba desde el monitor. Cada frase calaba hondo, oprimiendo algo en lo más profundo de su pecho.
Los recuerdos del brote volvieron a aflorar sin previo aviso. Durante aquella época, el Planeta B87 había elevado el precio de su medicina hasta niveles inalcanzables, dejando a la gente del Planeta Luz sin nada más que miedo y una espera impotente.
Otra imagen surgió en la mente de Leah. Las manos de su hermano temblaban mientras firmaba el abrumador acuerdo de deuda, mientras que su madre, ya en su lecho de muerte, esbozaba una sonrisa apacible. «No te preocupes, Leah. Todo va a salir bien».
Una lágrima se le escapó, pero Leah se la secó rápidamente con el dorso de la mano. Respiró hondo, reprimió sus emociones y enderezó la postura antes de volver a situarse ante la cámara.
De cara a la cámara, esta vez no dudó. Anunció con tono firme y sereno: «Estimados espectadores, ahora vamos a retransmitir en directo las negociaciones entre el Planeta Desértico y el Planeta B87. Si acabáis de sintonizarnos, escuchad atentamente la grabación».
Tras una breve pausa, se inclinó hacia delante y pulsó el botón de reproducción.
En el Planeta Azure.
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Sentado en su estudio, Darren observaba la pantalla en silencio. Aunque los rasgos de Lillian quedaban ocultos, la ira en su voz se percibía con claridad.
Sus dedos tamborileaban sobre el reposabrazos con un ritmo lento antes de detenerse.
«Redacta una declaración de inmediato. Ponte en contacto con el Consejo de la Unión Interestelar. Voy a presentar una propuesta para incluir a los nativos de el Planeta Desierto en la agenda de ciudadanía de esta sesión», dijo sin levantar la voz.
La persona al otro lado de la línea dudó antes de responder. «Profesor Lloyd, esa medida va a provocar a muchos planetas».
Darren no vaciló al responder: «Eso no me preocupa. El Planeta Desierto lleva demasiado tiempo siendo ignorado. Alguien tiene que dar un paso al frente por ellos ahora».
En el Planeta B32.
Reclinado en su trono, Kyler observaba la proyección holográfica con tranquilo interés. La imagen borrosa de Lillian parpadeaba en el aire frente a él.
Sus dedos rozaron ligeramente su barbilla mientras un tenue destello atravesaba sus ojos.
«Esto se acaba de poner interesante», murmuró, con la voz resonando en la vasta sala.
A sus espaldas, Justine permanecía rígida, con el rostro sombrío.
Apretó los puños mientras la ira se apoderaba de ella. No necesitaba confirmación para saber quién era. Aquella figura en la pantalla solo podía ser Lillian, la hermana mayor a la que siempre había menospreciado. Y ahora, esa misma persona estaba hablando en nombre de los esclavos del Planeta Desierto, ante la mirada de todo el universo.
—La conoces, ¿verdad? —preguntó Kyler sin molestarse en darse la vuelta.
La pregunta pilló a Justine desprevenida. Se quedó tensa antes de soltar una respuesta a regañadientes. —No. Nunca la había visto antes —dijo rápidamente.
Kyler no cuestionó su respuesta. En cambio, una sutil sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios, como si ya supiera más de lo que dejaba entrever.
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