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Capítulo 561:
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Tras respirar hondo de nuevo, se quitó los pantalones y se tumbó en la camilla de exploración. Colocó las piernas en los reposapiernas tal y como le habían indicado.
Esa postura la hacía sentir expuesta, y la tensión en su cuerpo no hacía más que aumentar.
Darren se acercó a ella.
Sus dedos enguantados rozaron ligeramente el interior de su muslo. Su voz denotaba un atisbo de contención. «Relájate, Lily. Empezaremos con un reconocimiento básico».
Contenerse le exigía todas sus fuerzas. Ni siquiera enfrentarse a una presa tras pasar mucho tiempo sin alimentarse le resultaba tan difícil.
«De acuerdo…» Lillian fijó la mirada en el techo, agarrándose con fuerza al cojín que tenía debajo mientras intentaba tranquilizarse.
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…
Un ligero temblor recorrió a Lillian cuando los dedos enguantados de Darren se deslizaron suavemente dentro de ella. Frescos por el lubricante, su tacto se movía lentamente por aquel espacio estrecho y húmedo, palpando con cuidado las paredes internas.
«Dime si te duele», dijo Darren. Su tono se mantuvo firme, aunque su respiración se había vuelto entrecortada.
«No pasa nada. Samuel ya me lo ha hecho antes… solo con los dedos para dilatarme», respondió Lillian, mordiéndose el labio inferior mientras el calor se extendía por su rostro.
Un dedo se convirtió en dos. Con movimientos deliberados, Darren evaluó sus límites y cuánto podía soportar. Al cabo de un momento, se retiró y cogió un espéculo junto con varios instrumentos más. El frío del metal contrastaba marcadamente con el calor que sentía en su interior, lo que hizo que Lillian se moviera ligeramente.
Una vez finalizado el proceso, Darren echó un vistazo al monitor que tenían al lado. Se le formó un ligero fruncimiento entre las cejas.
—¿Qué pasa? —preguntó Lillian al darse cuenta de su reacción.
—Tu condición física parece normal —respondió Darren, aunque su expresión cambió ligeramente—. Tu estructura, tus hormonas y tu sensibilidad se encuentran dentro de los límites normales. En todo caso, eres más receptiva que la mujer media. Pero tu vagina es… inusualmente estrecha.
—¿Qué significa eso? —preguntó Lillian, sintiendo cómo la incertidumbre se apoderaba de ella. «¿Puedo seguir teniendo relaciones sexuales?»
«Con una criatura hombre lobo típica, debería ser posible. Pero tenemos que confirmar mediante pruebas lo que tu cuerpo puede soportar realmente».
Darren se giró hacia una fila de objetos desconocidos ordenados por tamaño. Hubo una breve pausa mientras se le movía la garganta. Cuando volvió a hablar, su voz sonó ligeramente tensa. «Tenemos que determinar tu límite y cómo respondes a una estimulación más intensa».
Seleccionó uno de tamaño mediano. Su superficie era lisa, con una suave curva en la punta.
«Intenta mantenerte relajada. Puede que esto te resulte un poco intenso».
A medida que el objeto firme se introducía en Lillian, encontró sin esfuerzo el punto más sensible. La sensación la invadió de golpe, arrollando su control.
«Ah…», Lillian echó la cabeza hacia atrás, apretando las manos contra la ropa de él.
Darren mantuvo sus movimientos controlados, aunque le resultaba imposible ocultar el deseo que brillaba en sus ojos. El aroma de su excitación flotaba a su alrededor, intenso e inconfundible. El cuerpo de Lillian reaccionaba con demasiada fuerza. Cada ligero movimiento hacía que se apretara alrededor del juguete, y el calor en su interior iba minando poco a poco su autocontrol.
«Es demasiado… Es demasiado grande», murmuró Lillian, con el cuerpo temblando.
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